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20 marzo 2016

Fantasma benigno

Siempre que sueño que vivo en su casa (porque sí vivo en su casa), no es acá; es la casa celeste.

Era de noche y Julia dormía. Ocupábamos sólo la parte de adelante, el departamento donde había vivido la bisabuela (aunque un poco cambiado).

Las puertas que daban al patio y al sector de las mamparas no estaban aseguradas (esto es recurrente: esa casa y sus puertas abiertas); cualquiera podía meterse.

Pero había, sí, una puerta cerrada. Anulada. La que daba a la parte central: su habitación, el living, la cocina. Ahí, decía yo en el sueño, todo había quedado intacto. Y me causaba tanta impresión, tanta tristeza, que esa puerta no se abría, y esas habitaciones no se usaban.

Se oían ruidos y yo corría a trabar la puerta que daba hacia el patio de las mamparas. Espiaba: un gato. Si él había podido entrar, era porque había un hueco.

Acá el sueño es divergente:

-Luego del gato: una nena. En el patio. ¿Cómo había llegado? Una prima de mi abuela la había soltado desde su balcón (que daba al mismo patio), y, cuando yo salía, me gritaba reclamando para sí la casa.

-Luego del gato: nada. Yo deducía que los ruidos se debían a la presencia de un fantasma. De SU fantasma. Y, en ese caso, decía en voz alta, me quedaba tranquila porque era un fantasma benigno.

27 febrero 2016

Un poco más allá

En la playa, el bucle de las olas era alto. Altísimo.
El mundo se ponía redondo, cóncavo. Peligroso. Un mareo. Caminar a duras penas adivinando el horizonte. Playa barco zozobra.
Sin embargo, apenas un poco más allá amainaba el volumen del mar, se volvía calmo, apacible. Se podía buscar una plaza con juegos para quedarse, un conjunto de cabañas con la plaza en el medio, un sitio sereno para vacacionar.
Pero, entonces, ¿qué había sido aquello de los bucles de ese mar embravecido? ¿A dónde se iba, ahora, todo ese vértigo de fin del mundo? ¿Qué hacía yo en esa plaza tranquila, buscando la sombra bajo el tobogán?
Sólo habíamos caminado unos pasos. Tan sólo eso. Y lo demás había desaparecido.

22 febrero 2016

Proyecto de investigación

Esta vez, el sueño era un viaje, en colectivo, por la ciudad, al anochecer. Iba a Devoto/Chacarita. A visitar la cárcel/cementerio. Para mi proyecto de investigación.
La empleada de Turismo sugería tomar el 117 y alquilar pieza en un hotel con vistas al parque/cementerio de la cárcel. Desde allí, decía, se podía observar sin peligro. 
Pero mi amiga lo consideraba innecesario. Ella tomaba el mismo colectivo pero iba a otra parte.
Bajaba, yo.
Se ponía turbio el barrio, la avenida.
En una casa en alto, por la ventana, veía a un amigo muerto.
Seguía avanzando hacia mi destino pero con la fuerte sospecha de que ya había llegado.

18 febrero 2016

Agujero negro

Bueno, soñé que la influencia de un agujero negro cercano a la tierra se estaba chupando a los neonazis antisemitas, pero venía por todos, eventualmente. Yo misma veía volar un camión con acoplado como si tal cosa.
La respuesta era huir hacia mi edificio, tocarle timbre a los vecinos para reunirlos en mi departamento, prender la radio y dar una improvisadísima clase de baile (?) en bombacha (!) porque dado que era el fin del mundo qué sentido podía tener perder tiempo en vestirse.
Ah, era baile tipo Beyoncé.
Tranqui. Mañana tengo terapia.

13 junio 2014

Señora

Ella estaba en mi casa. Familiarmente, me parece recordar.
Había estado en la cocina. Cocinábamos algo.
Ahora, en el living, me daba un abrazo profundo. Cálido. Seguro.
Yo pensaba que debía decirle un montón de cosas. Aprovechar la visita. Cosas en tono de reproche, que, seguramente, arruinarían la ternura del abrazo.
Me sentía a gusto, rumiando mis peros con culpa porque no había nada más confortable que ese abrazo; honesto, sensible, cercano.

Yo me quedaba en silencio; me guardaba mis objeciones, mis dudas, mi estado de alerta. Me callaba los argumentos y me abandonaba a la seguridad mullida del abrazo de esa mujer, que había venido a mi casa sabe dios por qué ni para qué.

15 julio 2013

Al otro lado de la barranca

Salimos del lugar e instantáneamente me desoriento. A pesar de que no es la primera vez que voy. A pesar de que parecía tan fácil encontrar el camino.
Caminamos dos cuadras para el lado que, creo, está la Av. Libertador. Pero no. No es por ahí.
Damos unas vueltas -Juan y yo- y subimos una barranca cubierta de pasto, con unas escaleras de cemento que hacen una curva al final y desembocan en una hermosa glorieta. La opción, sin embargo, parece extraña, arriesgada, incluso peligrosa. (¿Una barranca? ¿Acá? ¿Desde cuándo?)
Pero llegamos a la cima, y, contra todo pronóstico, al otro lado el camino se aclara. Nos ubicamos. Vemos el mapa. Entendemos para dónde tenemos que ir.

La escena se repite. Salimos del mismo lugar -Juan, yo y alguien más-, pero esta vez, por más inverosímil que parezca el camino de la barranca, vamos directo hacia él. Con seguridad. Con la certeza de que, por más absurdo que parezca, es por ahí.


20 julio 2010

chiquitos como
meros souvenires
o quizás
como el juguete
que trae el huevo kinder.
así como el que una vez
vi en una repisa
traído de bolivia.
así pero vivos.
pequeños bebitos
todos completos
solo que
miniatura,
vivos y desnudos
como dios los trajo
de tres centímetros
sin el abrigo
del vientre materno
al cuidado de una enfermera
descuidada
con manos resbalosas.
uno se caía
muerto
y después otro,
al sacudir la manta.
a la enfermera no
se le movía un pelo.
era lo más normal.
bebitos miniatura
había a montones en
aquella sala.

11 julio 2010

El pasillo era largo y terminaba en un desnivel. Había que dar un salto para aterrizar en ese departamento oscuro, casi pozo, donde esperaba un perro blanco con manchas marrones. La señora andaba por ahí, en su parte de la casa, y amenazaba con su locura. El perro, en cambio, no había ladrado siquiera.
Los visitantes intentaban abrir la puerta del cuarto que venían a ver, que era una cuadrícula de hierro oxidado, como esas protecciones para balcón. Adentro había cosas arrumbadas del mismo color óxido de la puerta.
Se oía un disparo. Todos sucumbían al terror. Alguien iba a ver.
La mujer había querido dispararse en la cabeza, pero no había apuntado bien. Alguien la ayudaba, le disparaba en la cabeza, pero le agujereaba el brazo. La mujer gritaba, ya no se quería morir, le ardía el tiro y por primera vez no estaba loca. No se quería morir ni que le ardiera el brazo desgarrado por el tiro. Nadie sabía que hacer. El perro no estaba más, y afuera el pavimento estaba blando, ya no había más tierra bajo los pies, no había lugar seguro.

29 junio 2010

el búnker del villano

Por fin aparecía. Y todo cobraba sentido.
De chica era clarísimo que él existía, que era la causa de todos los males.
Aquí, en el sueño, había que atravesar una cortina metálica que se cerraba lentamente, para entrar a su búnker de malvado.
Mi madre pasaba primero, resueltamente. Después nos animábamos mi hermana y yo.
Él tenía planillas con nuestros nombres anotados. "Tonta, tonta Sol", decía en un par de casilleros, en una de las columnas. Tenía una pantalla de televisor, nos hacía pruebas. Juan daba la prueba. Era muy difícil: iba pasando imágenes a toda velocidad, e, intercalados, flashes de luz blanca. Había que identificar los flashes, creo que cerrando los ojos. Para no caer en la hipnosis.
Habíamos ido a pedir explicaciones. "¿Temperley?", difusamente preguntaba mi madre. No se armaba bien la pregunta.
Era él. Él se los había llevado a todos. Y nuestros nombres estaban en su planilla.
Huíamos. Mario no estaba, él lo había escondido. Bajo nuestros pies, saltábamos un pozo de taller mecánico, y abajo alcanzábamos a ver a Dixie. La tentación de bajar, ver quién más estaba, llevarnos a Dixie de vuelta a casa.
Mi madre saltaba; ahora era una pileta de agua fría, pleno invierno. El club ése donde las chicas hacían deportes en la primaria. Deshabitado. Un quincho que recordaba de un acto escolar. Y escarcha sobre el pasto.
Estábamos arriba. El búnker, el villano, todos, habían quedado abajo.
Y la pregunta que no se podía formular, sin respuesta, como un eco, significándose a sí misma.

10 junio 2010

dormir viajando y viajar durmiendo

Así son las cosas en mi lado B.
Soñé que iba durmiendo en un tren con camarote, viajando por Europa o Estados Unidos.
Me despertaba en el tren y un poco miraba por la ventanilla. Alguien se hacía pis en la cama.
Me despertaba y lo del tren había sido un sueño. Mi mamá me alentaba a seguir soñando-viajando. "¿Puedo ir a Francia?" le preguntaba. "No, pero a Alemania sí", me decía ella. Rehacíamos el camino del tren en una maqueta de arena que yo sin querer (sin saber) había derrumbado. Yo me tiraba de panza en la vía de arena y procuraba aterrizar en el sueño. Lo lograba. Soñaba ahora que planeaba por una campiña que parecía más francesa que alemana. Me preocupaba que la conciencia de estar soñando me sacara del sueño, pero me concentraba y seguía ahí. De pronto estaba en una ciudad antigua, adentro de una galería que ya conocía de otro sueño. Era como un castillo, y era oscuro. Yo quería volver al paisaje. Entonces, cuando el portón se abría y entraba el sol (o salía yo al sol) daba un grito de alegría.

No sé si me había pasado antes, esto de soñar adentro de un sueño.

19 mayo 2010

las torres gemelas se pelean

es así.
estamos en una confitería: nati, vicki y yo. ahora, de grandes.
bajamos la escalera para irnos, o algo así.
a lo lejos, están esas torres nuevas. una al lado de la otra, idénticas. se mueven. tienen la capacidad de moverse de forma humanoide. así se comportan: como dos personas. sólo que son torres, y adentro, las luces encendidas revelan a sus habitantes.
yo miro a alguien y digo: qué onda que se muevan? cómo hacen para vivir así? qué, estás comiendo y (acá hago el gesto de perder el equilibrio, como en un barco)
mi interlocutor -un desconocido- me dice: y, sí.
lo cierto es que en esta realidad del sueño, fuera de ser algo novedoso, está completamente naturalizado. es posible. es moderno.
el jugueteo entre las torres comienza a tornarse más violento. se empujan. una hace tambalear a la otra. ¡peligro! se ve a una persona (un niño) saliendo despedido por una de las ventanas. afortunadamente, de algún modo, es embocado dentro de otra y se evita la tragedia. por un momento contuvimos la respiración.
el juego sigue creciendo en violencia, hasta que una de las torres logra hacerle un tacle a la otra, y pone su rodilla sobre ella, señal de su victoria. el juego entre ellas es inofensivo. bruto, pero dentro de un parámetro amistoso.
pero la gente dentro está mal. es una tragedia. de pronto las torres se derrumban. no. están bien. no. se derrumban. la imagen sucede dos veces, porque la primera es negada. pero insiste. en efecto, se derrumban. nadie puede sobrevivir a semejante catástrofe.
les digo a las chicas que nos apuremos a alejarnos de ahí, porque, de lo contrario, vamos a quedar atrapadas en la zona del desastre.
corto pego. la acción se traslada.
lo que vino después no lo retuve con sus detalles. pero había algo para ver, en un colegio o similar. de pronto algo ocurría y había que abandonar súbitamente el lugar. en la salida, se me perdía la gente con la que había ido, y una persona que había visto entrar y a la que esperaba el momento oportuno para saludar.
afuera reinaba el caos. yo hablaba por celular.

26 marzo 2010

"Un poco el codo me fracturé"

El camino era sinuoso, como un río, pero de pasto. A su vez, de cada lado había zanjas peligrosas. Una quiso pasar corriendo y se tropezó. Las demás venían en la retaguardia y vieron la escena y rieron. Ella también rió, la herida, pero al acercarse las demás les comentó de su dolor en el codo. Todo resultó muy gracioso, excepto por la fractura.

13 marzo 2010

qué quiere decir?

Soñé que teníamos un pingüino viviendo en el placard.
Estaba paradito sobre la cajonera, y nos miraba.

21 diciembre 2009

me rechina

Tuve un sueño en el que sospechaba.
Mi abuela estaba viva. Después de casi cinco años de estar muerta, estaba viva. Y vivía en la casa celeste, como antes, sólo que en la parte de adelante.
Yo la iba a visitar y sospechaba. ¿Dónde había estado todos estos años?¿Por qué no nos había avisado?
¿O había vuelto a la vida después de haber muerto?
Ella me trataba con total naturalidad, pero había algo raro en su forma de actuar. Yo sospechaba.
Ya sobre el final, me planteé la posibilidad de estar soñando. Y a eso sobrevino una larga disquisición mental sobre la posibilidad y la imposibilidad de estar realmente viviendo esa situación. Sospeché que todo tenía que ver con haber visto ese documental de los Monty Python. Y recordé el detalle del "kerosene para lustrar los muebles". Todo indicaba que había sido un sueño, pero por otra parte, el propio sueño se auto-adjudicaba un matiz de realidad, en tanto yo estaba reflexionando ahí mismo al respecto.

Es agotador pensar en los sueños. Nunca se llega a ninguna conclusión coherente. Y se apretan los dientes.

26 noviembre 2009

sueño y digo

hoy quiero
decir algo importante.

soñé con un camino
peligroso
y yo tenía una gran
responsabilidad

en un piso muy alto
una vecina descuidaba
y yo cuidaba,
sufría por ella
por los suyos

las plantas de mi balcón eran
frondosas
pocas,
pero frondosas.
y teníamos una reja,
para no caernos.

ellos no tenían
y los chicos daban vueltas
alrededor del precipicio
no había plantas
y había un hueco
otro más

de mi lado, con susto
no grité nada cuando
los ví pasarse del lado de afuera
por miedo a que,
por mirarme,
se caigan

ellos no se caían.
sabían bien
o quizás ignoraban
el peligro.

a mi me oprimía el pecho
pensar en la altura
en mis plantas
mi reja
mi miedo
mi responsabilidad.

10 noviembre 2009

la pasé bomba

Soñando, y dándome cuenta que soñaba, inventé una obra de teatro muy absurda en la que yo actuaba (hacía de césped) pero también era espectadora. El otro personaje era un jugador de fútbol, y la obra terminaba con un monólogo del césped, muy conmovedor pero también cómico.
También creé un corto de animación sobre conejos que se decían secretos, y tenía un título muy encantador con rima, pero que ahora no me puedo acordar. Era algo así como "Durante los conejos..." o "Entonces los conejos..." y la última palabra rimaba con Conejos, pero no me la acuerdo... (consejos?)
En mi sueño, repetía muchas veces el título para acordármelo al despertar y decirle a Juan que lo haga. Los conejos eran rosas. Y estaban maquillados y con alhajas. Todo parecía una gran idea, un éxito asegurado.

También soñé con mi primito Andi, que iba al jardín.

17 septiembre 2009

los sueños

Pensar se piensa de forma superpuesta, paradigmática. Como se perciben los colores en un cartel.
Soñar, me da la impresión, se sueña de ese modo también. Como capas de imágenes, sensaciones, ideas, palabras. Todo amontonado, desordenado, como ver un álbum de fotos de una sola mirada.
Después viene el relato interno del sueño, el que se hace uno para sí mismo. Creo que ahí es donde se le da un orden cronológico, donde se construye la historia, donde se fijan las imágenes que se van a recordar.
Y después ese relato se exterioriza, aunque no siempre a un otro. Al contarlo se selecciona, se recorta. A veces por pudor hacia el interlocutor, cuando lo hay. Yo muchas veces los escribo. De todas formas ya hubo una primera censura, en el relato interno. Por supuesto que esta segunda censura es más fuerte, más condicionada. Y aparece la película. Los sentidos ocultos. Las posibles referencias. Los detalles.
Se entreteje el sueño como si hasta el momento de verbalizarlo sólo hubiesen sido fibras sueltas. Se teje la red en la que uno se queda atrapado durante todo el día. Ésas imágenes, esas sensaciones. Tan vivas. Tan pregnantes.

Es tan impecable el proceso. Me fascina.

01 septiembre 2009

Escala en Budapest

Los países que sueño siempre son extraños.
Un país es como un patio con columnas y una fuente en el medio.
Otro país es una pileta en un piso alto, con vestuario en el subsuelo.
Otro es un restaurante chino en el que me cruzo con una chica que es actriz, y que está por hacer un show, y hay peceras verdosas y las paredes son empapeladas.
En el de la fuente ya había estado, dije.
En el del restaurante, habían habido atentados no hace mucho.
En el de la pileta, bajé un minutito al baño, y olvidé las ojotas en el avión. Pensando que iba a tener que cambiar de avión, robé unas ojotas de niño. Luego, el avión era el mismo, y yo tenía dos pares de ojotas. Y culpa por el niño.

No hace mucho, soñaba con los inconvenientes previos al viaje (armar el bolso, llegar a tiempo al aeropuerto, etc) y nunca, nunca me subía a los aviones.
Por lo menos ahora estoy viajando.

06 agosto 2009

sueño con una casa

Cosas muy extrañas pasan, pero la cosa es que se vende la casa. La celeste. La casa-patio. La casa-casa. El ropero es enorme, y a la chica le gusta. "Piden poca plata, a comparación de otras casas", se entusiasma. Tiene pecas. Yo estoy segura de conocerla de algún lado. Ella recién vuelve de viaje.
"¿Y cuánto es que piden?" pregunto, que no estoy enterada, a pesar de estar vendiendo la casa.
"Cien mil cuatro" me dice ella, sonriendo, y revisa el ropero casi metiéndose adentro.
"Es que hay mucha humedad", digo yo, señalando el techo. Y todos miramos para arriba: el techo tiene un enorme, gigante manchón color humedad, e infinidad de agujeritos por los que empieza a caer agua.
"Es que esta casa era de mis abuelos", explico, "y hace como tres años que está sola. Los debe extrañar". Ahí me quiebro y lloro. Los demás se contagian. Lloramos todos. Llora la casa.

03 agosto 2009

sueño con un tapado.

Sueño que, dos puntos.

Voy a una feria americana.
Y sueño largo y tendido, muy en detalle, distintas prendas, a saber:
-Un deshabillé bordó, que está puesto aparte, con un cartel de "$12". Primero dudo. Luego, lo reservo, para Polonia.
-Sector camisas: de encaje, blancas. Pensaba que eran muy como para Sonia.
-Sector polleras: de lana, lindas. Colores oscuros. Me fijo, eran todas plisadas. No me sientan bien las plisadas, por las caderas anchas.
-Sector camperas deportivas: había tres o cuatro modelos, y muchas de cada modelo. "Las habrá donado algún equipo deportivo" pienso. "Estarían buenas para la varieté"
-Sector libros. "Ah, hay libros también!". Reconozco anotaciones con la letra de un compañero de colegio. "Claro, porque vive acá cerca. Los habrá donado"
-Sector tapados: había uno celeste petróleo, que se veía lindo.
Pero estaba lejos de los tapados yo, todavía en el sector libros. Y una empleada me dice que hay mucha cola para el probador. Y yo me tenía que ir, porque a todo esto había salido a comprar algo y mi mamá y Juan me estaban esperando para almorzar.
Los sacos los veía de lejos. Asomaba ése color petroleo, recién ahora me doy cuenta, parecido al que heredé de mi bobe y que ahora no sé muy bien si lo perdí, lo regalé o dónde quedó.