Pensar se piensa de forma superpuesta, paradigmática. Como se perciben los colores en un cartel.
Soñar, me da la impresión, se sueña de ese modo también. Como capas de imágenes, sensaciones, ideas, palabras. Todo amontonado, desordenado, como ver un álbum de fotos de una sola mirada.
Después viene el relato interno del sueño, el que se hace uno para sí mismo. Creo que ahí es donde se le da un orden cronológico, donde se construye la historia, donde se fijan las imágenes que se van a recordar.
Y después ese relato se exterioriza, aunque no siempre a un otro. Al contarlo se selecciona, se recorta. A veces por pudor hacia el interlocutor, cuando lo hay. Yo muchas veces los escribo. De todas formas ya hubo una primera censura, en el relato interno. Por supuesto que esta segunda censura es más fuerte, más condicionada. Y aparece la película. Los sentidos ocultos. Las posibles referencias. Los detalles.
Se entreteje el sueño como si hasta el momento de verbalizarlo sólo hubiesen sido fibras sueltas. Se teje la red en la que uno se queda atrapado durante todo el día. Ésas imágenes, esas sensaciones. Tan vivas. Tan pregnantes.
Es tan impecable el proceso. Me fascina.
1 comentario:
Fascinante es la palabra exacta.
Esa capacidad de fascinación que tenés es otro de tus detalles geniales.
Me encanta la palabra pregnante. También es muy exacta.
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