03 marzo 2008

tiempo, que te hiciste carne

JN me pregunta que cuántos post van de este blog. Me fijo y son como 280 y pico. Y como 3 años.
Y me dá por ponerme a revisar archivos. Y por `privatizar´el blof. En realidad lo que quiero es cerrar algo. Para poder abrir otra cosa, se entiende.
Pero como no me sale tirar -o en este caso, suprimir-, me sale mutar. Como siempre, bah.

Yolaberinto nació de una pequeña revolución. Pequeña, porque fue personal. Revolución, sin dudas, pero intrascendente para el resto del planeta. Por suerte.
Era el perro que se muerde la cola: yo en el laberinto, yo el laberinto, yo en mí, perdida; yo perdida. En fin.
Era la necesidad de hablar de mí, desde la profundidad de ése laberinto, porque era una expiación, un canal de desagüe, una necesidad de pegar el grito en el cielo. Quería decir de mí, para mí. También quería que me lean, conocidos y anónimos. Que me quieran. Que me dejaran su huella. Que supieran que yo estaba en el laberinto, pero queriendo asomar la trompa. Necesitando decir y ser leída.

No digo que me cansé de hablar de mí, porque no sé si tengo alguna otra cosa de qué hablar. Creo que siempre uno está hablando de sí, en el sentido de que uno es la masa donde se imprime el mundo, y uno es el punzón que imprime en el mundo cada vez que dice. Eso.

Entonces, quiero escribir. Pero cambiaron las motivaciones.
O no. No sé qué es. Pero algo.

Es que salí del laberinto.
O que me encarné en él.
O que encontré ventanitas para mirar para afuera.
O.

Yo qué sé.

Ahora es ésto. Y después veremos.



upload del día después: lo desprivaticé. sencillamente, es muy hinchapelotas entrar de la otra forma.
sé la ví

con Lau, del año pasado

Vicio.

A veces los pájaros se ponen quisquillosos, y les da por tomar soda.
Cuando no lo agarran al sodero de sorpresa, cruzando la plaza, se posan sobre las mesas de los bares y se toman la sodita del café.
Es ese nosequé de las burbujas lo que los hace delinquir.
Después no pueden disimular, aunque lo intenten, porque en el silencio de las tardes plumíferas, se les escapan los erutos.








texto de Polonia. ilustración de Lau Wolghemuth