Gualeguay es una ciudad, pero yo le digo pueblo porque no se me ocurre una palabra mejor para describirlo. El centro está todo lleno de casas antiguas, como las que solían haber en Palermo en la época en que mis abuelos vivían. En Gualeguay hay siempre ese olor previo al asado, olor a humo de leña y hojitas. Hasta ahora, siempre que había ido había estado nublado. Y esta vez, a pesar de los pronósticos Santarroseanos, salió el sol los dos días.
En Gualeguay caminás diez cuadras y está el río. Hay viento en la costanera, y hay que ponerse la capucha.
En Gualeguay vas a la heladería Siete Colinas (andá a saber qué siete colinas evocará el nombre, porque lo que es Gualeguay, es pura llanura) y te tomás un helado gigante con un pompón de crema chantilly y guirnaldas de salsa de chocolate. Y sale cinco pesos.
Los hombres grandes usan boina. Y los chicos de trece años salen solos de noche. Algunos andan en moto, canchereando, tomando cerveza. Todos dan vueltas a la plaza, con la música del auto muy fuerte.
Ahora, si vos te metés dos cuadras para adentro, no se escucha nada.
Los faroles en Gualeguay irradian una luz amarilla y abombada, como de luciérnaga.
Y en casi todas las cuadras hay jazmín del país, tan llenísimos de capullos que parece que en cualquier momento te van a escupir florcitas cual ametralladora.
Hay dos plazas y dos iglesias, una municipalidad, un bazar "El universo", dos sucursales de "Siete Colinas", un Club Social y Deportivo, una casa de la nona... no hay ningún cine. Parece que están construyendo uno, ahora.
La casa de la nona es vieja, vieja. Está igual desde hace años, según me dicen. Tiene un patio, al fondo.
Juan se sienta en la ventana del patio y yo le saco una foto. Él me dice que estar ahí sentado, en ese patio, en esa casa, en ese pueblo, es como viajar en el tiempo. Y yo le creo.
31 agosto 2010
25 agosto 2010
tira flexible
Puede ser que el tiempo sea, como una vez leí, una larga tira -imagino una de esas tiras de cartón para empaquetar tortas, pero mucho mucho más larga- una larga tira, decía, que ondula y por momentos provoca pequeños roces entre momentos muy alejados en el tiempo. Estamos hablando de algo flexible, una línea de tiempo, sí, pero flexible, y entonces un día mirás unas fotos y 2006 se toca con 2010, con 1990, con 2001, con 1996, puede trazarse una línea vertical uniendo varios puntos en la tira flexible, y te agarra un vértigo puntiagudo que no te deja conciliar el sueño, porque la tira serpentea hacia arriba todavía más. Porque un día me doy cuenta que estoy en el futuro. El futuro que no imaginé. Yo soy de pensar en el futuro mientras me ducho. Y en todos los futuros posibles imaginados en largas sesiones de ducha, creo que no me acerqué siquiera a esta realidad. Además el futuro no existe, eso está claro. Esto que yo llamo futuro en realidad es otra cosa. Hay que mirar la línea de puntos que conectan la tira para comprenderlo como futuro, pero aún así es sólo una idea.
Hay dos cosas que, anoche, me palpitaban en la cabeza y el pecho y no me dejaban dormir: una era algo así como una angustia, porque no puedo -nadie puede- evitar que el tiempo pase, y, o me amigo con esa idea o me vuelvo loca.
La otra cosa que pensaba era más bien una sensación rara de alegría, de emoción pura -estoy muy sensible- de ganas de abrazar a mucha gente al mismo tiempo, de guardar imágenes y momentos en algún lugar al que pueda volver cuando tenga ganas.
JM dijo que él quiere continuar la tradición, que va a comprar una cámara y va a filmar.
Mientras él decía eso yo miraba fotos, y pensaba muy para adentro. No lo miré a los ojos, pero después, él dormía y yo entendí esto de la tira flexible. Se unieron dos puntos y esto que llamo futuro de pronto tuvo más sentido que nunca, aunque me sorprenda, aunque no lo haya imaginado así tal cual.
Qué bueno que la vida se tome licencias poéticas.
Hay dos cosas que, anoche, me palpitaban en la cabeza y el pecho y no me dejaban dormir: una era algo así como una angustia, porque no puedo -nadie puede- evitar que el tiempo pase, y, o me amigo con esa idea o me vuelvo loca.
La otra cosa que pensaba era más bien una sensación rara de alegría, de emoción pura -estoy muy sensible- de ganas de abrazar a mucha gente al mismo tiempo, de guardar imágenes y momentos en algún lugar al que pueda volver cuando tenga ganas.
JM dijo que él quiere continuar la tradición, que va a comprar una cámara y va a filmar.
Mientras él decía eso yo miraba fotos, y pensaba muy para adentro. No lo miré a los ojos, pero después, él dormía y yo entendí esto de la tira flexible. Se unieron dos puntos y esto que llamo futuro de pronto tuvo más sentido que nunca, aunque me sorprenda, aunque no lo haya imaginado así tal cual.
Qué bueno que la vida se tome licencias poéticas.
24 agosto 2010
22 agosto 2010
13 agosto 2010
desamor
Decía "no"
Y yo me dejaba caer al piso hacia adelante, como una tabla. Era el medio de la calle. Los autos y camiones empuñaban su trompa allá cerquita.
Tiempo después, sin haber muerto, el alma no estaba en el cuerpo. Tenía una mochila grande y me iba.
Siempre sueño con trenes.
Me iba sola en un tren, con un montón de gente desconocida.
El mundo entero estaba despintado.
Y yo me dejaba caer al piso hacia adelante, como una tabla. Era el medio de la calle. Los autos y camiones empuñaban su trompa allá cerquita.
Tiempo después, sin haber muerto, el alma no estaba en el cuerpo. Tenía una mochila grande y me iba.
Siempre sueño con trenes.
Me iba sola en un tren, con un montón de gente desconocida.
El mundo entero estaba despintado.
07 agosto 2010
04 agosto 2010
los sentidos 2
desde chica me pasa que cuando voy a ver una obra de teatro, el perfume que siento una vez que estoy sentada lo asocio a los actores. la mayoría de las veces se trata del perfume de otro espectador, alguno que se sentó cerca. pero yo veo a los actores como si ellos olieran así.
en el teatro, además, suelo respirar distinto. sobre todo a la salida. algo se abre, se destapa. y esos perfumes quedan impregnados como parte de la obra.
en el teatro, además, suelo respirar distinto. sobre todo a la salida. algo se abre, se destapa. y esos perfumes quedan impregnados como parte de la obra.
02 agosto 2010
los sentidos 1
cuando era chica me daba mucho miedo la oscuridad. en mi casa se dormía con la luz del baño prendida.
en las casas de mis amigas no dejaban ninguna luz. con algunas familias había más confianza, y les pedía. con otras no. y me moría de angustia. me sentía ciega y me sofocaba. a veces el interruptor parpadeaba, con una pequeñita luz roja. yo me aferraba a ese punto rojo como a una balsa en el medio del mar. aunque si lo miraba fijo sin pestañear se me iba, se hacía cada vez más chiquito hasta desaparecer. pero después volvía y no era solamente la certeza de no estar ciega, sino la llave que, en caso de urgencia, podía poner fin a la angustia.
en las casas de mis amigas no dejaban ninguna luz. con algunas familias había más confianza, y les pedía. con otras no. y me moría de angustia. me sentía ciega y me sofocaba. a veces el interruptor parpadeaba, con una pequeñita luz roja. yo me aferraba a ese punto rojo como a una balsa en el medio del mar. aunque si lo miraba fijo sin pestañear se me iba, se hacía cada vez más chiquito hasta desaparecer. pero después volvía y no era solamente la certeza de no estar ciega, sino la llave que, en caso de urgencia, podía poner fin a la angustia.
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