En los diarios íntimos de la niñez-pubertad encuentro la siguiente problemática de la escritura:
-escribir para dejar constancia de mí misma, para imprimir, de algún modo, lo efímero en un soporte pseudo-permanente,
-tachar lo escrito; la repulsión por lo que se ha sido, el deseo de extinción del yo pasado,
-revisitar lo escrito y lo tachado, a la distancia; ya no repulsión sino reflexión sobre el propio ser,
-reflexión ontológica sobre la escritura.
25 agosto 2011
22 agosto 2011
el espejo bajo la nariz
No sé si soy yo o qué, pero siento que el tiempo se acelera. Un año ya no es un montón de tiempo. Unos meses pasan volando. Una larga semana de trabajo se deshace como un terrón de azúcar. Las horas, compañeras del tiempo que se vive a conciencia, se persiguen unas a otras como esas pequeñas bolitas azules en el cilindro de agua, corren, remolino abajo, para fundirse en el fondo formando un pequeño océano, recién nacidas un segundo atrás, desprendidas en forma de gota desde arriba, y ya van a morir apresuradas.
De alguna forma me arrastra. Y no puedo evitar la necesidad casi constante de volver la vista. Camino casi a ciegas, como con el espejo bajo la nariz. Camino imaginando que estoy en otra parte, y sólo por fortuna, o por instinto, no me choco con paredes. El extrañamiento de la imagen, ese es el consuelo.
De alguna forma me arrastra. Y no puedo evitar la necesidad casi constante de volver la vista. Camino casi a ciegas, como con el espejo bajo la nariz. Camino imaginando que estoy en otra parte, y sólo por fortuna, o por instinto, no me choco con paredes. El extrañamiento de la imagen, ese es el consuelo.
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