Otro más y van.
Ya no sé si es una preparación, un aviso, una purga.
Siempre en el teatro. Siempre los tres.
Anoche, ella actuaba. Tocaba el piano y yo le miraba los dedos para ver si fingía. Me miraba a la cara, insolente. Me descubría intentando desmentirla. Sabía tocar. Eso, en algún modo, me hería.
Cruzábamos miradas con mi amiga en el público. Ni siquiera importaba de qué iba la obra. Era, probablemente, una muestra de la universidad.
A la salida, un lunch.
Alguien de hace tiempo me daba un abrazo, un muchacho extranjero que ciertamente no tenía nada que hacer allí. Representaba. Número Dos, al otro lado, esperaba su turno para saludarlo. Yo me apartaba para no incomodar. "Los dejo tranquilos", decía en voz alta, y me iba con mi cocacola hacia otro rincón.
Número Tres estaba por ahí. No sé si la ví haciendo algo. El escenario era todo de Número Uno. Y Número Dos, siempre, detrás de escena; el abrazo con el extranjero, mis sospechas.
16 marzo 2012
01 marzo 2012
banderines
No pasaron ni cuatro semanas desde el inicio del carnaval, y los banderines ya están descoloridos, abrumados por el aire entumecido de la ciudad. Ya parecen tan viejos como si tuvieran años, ya se ven deshilachados y tristes.
El primer día de marzo ocurre algo fantástico: el verano se termina. No en la realidad física o meteorológica, sino en la realidad perceptible. Y no importa si cae miércoles, viernes, o sábado. El primer día de marzo siempre es lunes. Se percibe la aceleración inmediata del tiempo. El fin del verano, y con él, el fin del olor a nuevo del año. Marzo trae la conciencia de que este año, este también, se va a terminar. Por más colorido y nuevo que haya parecido durante estos dos meses, marzo ya nos muestra, incipientes pero definitivas, las puntas deshilachadas, y deja ver cada vez más el tono opaco del verde, del amarillo, del violeta, su tendencia irremediable a confluir en un mono-tono más bien gris; la necesaria desintegración que vendrá, tarde o temprano.
El primer día de marzo ocurre algo fantástico: el verano se termina. No en la realidad física o meteorológica, sino en la realidad perceptible. Y no importa si cae miércoles, viernes, o sábado. El primer día de marzo siempre es lunes. Se percibe la aceleración inmediata del tiempo. El fin del verano, y con él, el fin del olor a nuevo del año. Marzo trae la conciencia de que este año, este también, se va a terminar. Por más colorido y nuevo que haya parecido durante estos dos meses, marzo ya nos muestra, incipientes pero definitivas, las puntas deshilachadas, y deja ver cada vez más el tono opaco del verde, del amarillo, del violeta, su tendencia irremediable a confluir en un mono-tono más bien gris; la necesaria desintegración que vendrá, tarde o temprano.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)