I
Disfruto, como nunca antes, de mirarme desnuda en el espejo.
Tu mirada se ausentó cuando empecé a cambiar.
Soy como un animal fantástico, me digo.
Algo habrá de monstruoso en esto, porque tu pobre mirada de hombre asustado no quiere ser parte. Se fuga, pero sin perspectiva.
II
La redondez se multiplica. Me siento hermosa y extraña.
El ombligo-pupila también mira. Es que faltan tus dos ojos, pero yo, acá, mientras tu vida se me diluye como tinta en el agua, estoy cosechando tres.
III
Los hombres me miran. Con intensidad, con curiosidad, con reservas, con poesía, con secretos, con luz verde.
Yo los miro también.
Les digo sin palabras que estoy lista para un café.
30 mayo 2015
25 mayo 2015
Por qué no. O cuándo.
Esperar una caricia
-el deslizarse de una mano
por la espalda,
apenas-
Parece cosa de antes
¿No merezco yo
también
ese gesto?
¿Esa delicadeza
que se reserva
al gato, a la superficie
rugosa del pantalón
mientras se espera
que el frío
que el colectivo
pasen?
Esperar
el abrazo
espontáneo
Hundirme en tu cuello
-no esperar ya nada-
Pero por qué no.
O cuándo.
-el deslizarse de una mano
por la espalda,
apenas-
Parece cosa de antes
¿No merezco yo
también
ese gesto?
¿Esa delicadeza
que se reserva
al gato, a la superficie
rugosa del pantalón
mientras se espera
que el frío
que el colectivo
pasen?
Esperar
el abrazo
espontáneo
Hundirme en tu cuello
-no esperar ya nada-
Pero por qué no.
O cuándo.
20 mayo 2015
De pronto, un hueco.
Se abre un agujero en la tierra de uno; desarraigo de lo propio, vértigo, caos, pérdida irremediable del equilibrio.
Como un tornado, pero hacia lo profundo. Como un terremoto, o una erupción, pero para adentro.
La lucha es agotadora. No caerse al hueco, resistir la succión terrible del abismo, de esa nada del no que es densa y pringosa como brea caliente.
Entonces, arraigar en otras superficies para no irse a pique.
Y ver cómo brotan las manos. No una ni dos ni cuatro. Muchas manos que sostienen, apuntalan, abrazan, acarician y también rasguñan y golpean y apisonan, reparan y revuelven, rebuscan y arriman.
Gracias.
Se abre un agujero en la tierra de uno; desarraigo de lo propio, vértigo, caos, pérdida irremediable del equilibrio.
Como un tornado, pero hacia lo profundo. Como un terremoto, o una erupción, pero para adentro.
La lucha es agotadora. No caerse al hueco, resistir la succión terrible del abismo, de esa nada del no que es densa y pringosa como brea caliente.
Entonces, arraigar en otras superficies para no irse a pique.
Y ver cómo brotan las manos. No una ni dos ni cuatro. Muchas manos que sostienen, apuntalan, abrazan, acarician y también rasguñan y golpean y apisonan, reparan y revuelven, rebuscan y arriman.
Gracias.
18 mayo 2015
sueño del sueño
Venías con tus ojos de antes, con tu voz de antes. A decirme palabras de antes.
Me agarrabas la cara con tus manos de antes, una de cada lado. Y mis mejillas eran suaves, en el sueño.
Y tus palabras, tus manos, tus ojos. Habían viajado desde el sueño de mi sueño. A ser lo que esperaba. A volver a la vida el tiempo muerto.
Algo se desprendió.
El viento se llevó tu cara.
Ahí están tus ojos, como botones descosidos.
Se puede sacudir este sueño del sueño.
Y los botones se caen, se pierden para siempre bajo la mesada.
10 mayo 2015
El sonámbulo
Él es un sonámbulo. Vive dormido pero sin soñar. La vida se le hace sueño, o pesadilla. Ya casi no escribe, porque pasa el tiempo leyendo una y otra vez los mismos párrafos. Prefiere la repetición, sin interferencia. Escucha, cada cierta cantidad de tiempo, un zumbido lejano dentro del oído. Entonces su cola de escorpión se iza, como el brazo de una grúa autómata, y hunde su aguijón en el barco que lo llevaba a la otra orilla.
Así se ahoga, el sonámbulo. Pero, como está siempre dormido, la vida se le hace chiquita y lejana, se le arruga como una servilleta de bar en la que se ha anotado algo sin importancia; y la muerte, en cambio, se arremanga y lo espera en el fondo para sacudirlo hasta despertarlo, por primera y última vez.
Así se ahoga, el sonámbulo. Pero, como está siempre dormido, la vida se le hace chiquita y lejana, se le arruga como una servilleta de bar en la que se ha anotado algo sin importancia; y la muerte, en cambio, se arremanga y lo espera en el fondo para sacudirlo hasta despertarlo, por primera y última vez.
09 mayo 2015
sueño de la playa
la playa era un rollo de cartulina que hacía fuerza para desenroscarse, de la arena a la orilla, de la orilla a la rompiente, un tubo de papel cartón queriendo ser un plano, o a veces un plano queriendo enrollarse; así era la playa y la recorría con espanto de quedar atrapada en esa vuelta de espiral porque, ayer lo comprendí, la vida es una herida absurda, y cómo el tango nunca se equivoca, contame tu condena decime tu fracaso, no ves la pena que me ha herido; ahí, en la cinta de arena, el temblor de la forma que quiere volver a ser, el capricho de la inercia, y en el horizonte -no el del cielo, esta vez; el de la certeza- una tormenta lista para consumir, donde el barro se subleva; ya sé no me digás tenés razón, la amenaza estaba quieta como una fiera con el labio arremangado, era cuestión de huir pero el rollo apretaba los pies y allá lejos no se adivinaba nada, y es todo todo tan fugaz, como dice Cátulo, y tiene razón.
06 mayo 2015
seis de mayo
Yo qué quería.
Quería un amor para toda la vida.
Creí que lo había encontrado.
Mi amigo del colegio, mi compañero de banco, el pibe que se sentaba conmigo en la escalera a hablar de cuentos o de cualquier cosa aunque mi novio era otro. El pibe que me hacía reír, que se reía de mis chistes. El pibe que un día miré distinto, que me miró y me abrazó y me abrió un mundo nuevo. El pibe con el que, de viaje, siempre encontrábamos cosas para divertirnos barato. Mi cómplice, mi amante. El pibe con el que me fui de casa, con el que armé un hogar. El pibe que me propuso matrimonio, que se transformó en la familia elegida, en el colchón calentito y amoroso al que volver después de un día de furia o de logros. El pibe con el que nos subimos a un avión y conocimos los lugares más maravillosos de la vida, pero que eran más maravillosos porque estábamos juntos. El pibe con el que soñé este hijo que ahora crece en mi panza, que lo soñamos juntos, de mil maneras.
Ese pibe. Ahora no quiere más. El amor se le fue de adentro como un líquido.
Y yo, que estoy llena de él en cada rincón mío, me siento de pronto como una caracola seca.
No hay más hogar. No hay más familia. No hay lo que yo pensé que era irrompible: el amor.
Hoja seca que me quiero caer del árbol. En este otoño. El más triste del mundo.
Quería un amor para toda la vida.
Creí que lo había encontrado.
Mi amigo del colegio, mi compañero de banco, el pibe que se sentaba conmigo en la escalera a hablar de cuentos o de cualquier cosa aunque mi novio era otro. El pibe que me hacía reír, que se reía de mis chistes. El pibe que un día miré distinto, que me miró y me abrazó y me abrió un mundo nuevo. El pibe con el que, de viaje, siempre encontrábamos cosas para divertirnos barato. Mi cómplice, mi amante. El pibe con el que me fui de casa, con el que armé un hogar. El pibe que me propuso matrimonio, que se transformó en la familia elegida, en el colchón calentito y amoroso al que volver después de un día de furia o de logros. El pibe con el que nos subimos a un avión y conocimos los lugares más maravillosos de la vida, pero que eran más maravillosos porque estábamos juntos. El pibe con el que soñé este hijo que ahora crece en mi panza, que lo soñamos juntos, de mil maneras.
Ese pibe. Ahora no quiere más. El amor se le fue de adentro como un líquido.
Y yo, que estoy llena de él en cada rincón mío, me siento de pronto como una caracola seca.
No hay más hogar. No hay más familia. No hay lo que yo pensé que era irrompible: el amor.
Hoja seca que me quiero caer del árbol. En este otoño. El más triste del mundo.
02 mayo 2015
tríptico
en los sueños los bebés
son lagartijas o extrañas
rejillas peludas que
lloran al verme y
se cagan sobre mis piernas
en los sueños los amantes
son psicópatas o egoístas
perversos que dejan
la cama vacía y
acaban sobre sus piernas
en los sueños el amor
es abajo de las sábanas de
la casa de alguien más
en un tiempo que no es este
en un cuerpo que no es mío
son lagartijas o extrañas
rejillas peludas que
lloran al verme y
se cagan sobre mis piernas
en los sueños los amantes
son psicópatas o egoístas
perversos que dejan
la cama vacía y
acaban sobre sus piernas
en los sueños el amor
es abajo de las sábanas de
la casa de alguien más
en un tiempo que no es este
en un cuerpo que no es mío
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