23 septiembre 2020

tal vez una canción



Yo sé que voy 

a salir de vos

como del subte

al mediodía:

agazapada en vapor,

rogando que afuera

haga menos frío

o menos calor.


Yo sé que estuve

siguiendo la música,

como un espejismo

hacia otro lugar.

Quiero recuperarme del sueño

o elegir un puerto

para dinamitar.


Sé que voy

a salir de vos

aturdida y exhausta

como de una nube,

o de una explosión.

Y voy a buscar de nuevo

tal vez una canción.


Quiero de vuelta

la ciudad entera

con su estuche 

de espejo roto

en forma de corazón.


Quiero la música esa

que traje de lejos.

Quiero gritar

el nombre

griego de un dios.

Caras extrañas.

Un puerto nuevo.

Tal vez una canción.




08 septiembre 2020

~septiembre 2015~

 Cuando Ella entra, él está sentadito en el sillón, con cara de marido resignado. Ella supone equivocadamente que Aquella es la esposa, pero resulta que no. Aquella termina, paga y se va sola. Él fue a hacerse algo; como Ella.

Se miran por arriba del hombro. Ella se saca el camperón porque estaba fuerte. La calefacción.
Una señora lo hace pasar. Se sienta de espaldas a ella, y es una linda espalda. Y la mira un poquito por el espejo. Ella hojea una revista Hola! que es un irresistible canto a la idiotez, pero cada tanto también lo espía a través del espejo.
La señora trabaja a un lado y otro de su cabeza. Es rápida.
Cada vez que Ella vuelve a mirarlo por el espejo le descubre las entradas, la calvicie avanzada en la cima del cráneo, la nuca cuadrada, la camisa aburrida, la cifosis dorsal.
Cuando sale ya es otro. No la mira, pero no importa porque Ella tampoco a Él.
La llaman; la misma señora.
No le lleva más de cinco minutos perpetrar su horrible crimen.
Ella, los ojos llorosos, mientras saca el billete de 100 para pagar, se reprocha el haber venido.
Y se pregunta para qué lado habrá salido Él, a ver si lo alcanza y quién te dice.
Damnificados por la misma tijera.

06 septiembre 2020

Septiembre: la noche también es de los pájaros


El inconsciente manda a la mente toda clase de brumas, seres extraños, terrores e imágenes engañosas (...) Son peligrosos porque amenazan la estructura de seguridad que hemos construido para nosotros y nuestras familias. Pero también son diabólicamente fascinantes porque llevan las llaves que abren el reino entero de la aventura deseada y temida del descubrimiento del yo. (...) una maravillosa reconstrucción de la vida humana, más limpia, más atrevida, más espaciosa y plena... ésa es la tentación, la promesa y el terror de esos perturbadores visitantes nocturnos del reino mitológico que llevamos adentro.

(J. Campbell, El héroe de las mil caras)


Una parte de mí sale a volar de noche
como un ave nocturna
Intempestiva

Los sueños revelan verdades, y yo estoy soñando con tal prolijidad y nitidez. Todo se ordena en imágenes claras. 

Cielos que se abren hacia adentro. El paisaje de la avenida que siempre termina en el río. Una casita de techos bajos. Cuerpos desnudos, calor de pieles, cobijo y también mal-estar. Un hombre atiende una parrilla y alquila departamentos; tal vez sea la costa. Comeremos siempre aquí, dice uno. Yo imploto de nóes. Es tan claro. Veo pasar las olas turquesas con sus rulos marmóreos de espuma. Siento el peligro y también la dicha de estar expuesta. Busco refugio en ese acantilado, que se enmarca como una acuarela. No es cierto el destino. Tomemos mate. Busquemos la luna. Debo presionar la tecla "L" para que baile el muñeco de Julia en el retablo-pantalla. Debo calentar la comida en el microondas y bajar con cuidado la escalera blanca, griega, en Santorini. Pero es el campo, la pampa. Escupo el bocado de croqueta. Veo partir los caniches como pelusas blancas flotando en el Lácar, llevadas del viento. Conciencia de que se sueña dentro del sueño. Acaricio palabras:

    Recolectores.manuales.de.vid.    Propileno.complejo.    Mandarinas.tapia.bermellón

    Signos de una pena inmensa. 

~pienso títulos~

Hacer algo con este dolor. 

Poesía que se revela en sueños porque está hecha de su misma materia.




28 agosto 2020

 Estar atrapada en una llamada telefónica. Escuchar el tono de "no hay nadie" para siempre.

24 agosto 2020

plaza dorrego

El recorte de tiempo que encontramos esta noche tiene forma de plaza.

El aire parece nuevo sobrevolando los faroles. Las almas también se estrenan en los bancos grises.

Disposición y entrega para observar la huella del invierno en el movimiento quieto del barrio entero. Una pausa plena. Bolsillo de cielo y árbol centenario. El pliegue es exacto para ver la luna.

Todos hablan en el silencio sin despertarlo. Se protege el instante, precioso. Se puede entender cierta ternura en los gestos. Una coreografía sincera: cuerpos acariciando el espacio que se creyó perdido.









01 agosto 2020

sábado

Es sábado y se arma 
la plaza
en el playón de enfrente

Es sábado y hay gente
afuera
en el sol de agosto.

Los chicos se encienden
en patines;
la tarde 
les pertenece.




27 julio 2020

El centro de estudiantes

Volví, ni sé para qué, y crucé el hall de entrada de techo abovedado que todavía conservaba la elegancia de otros tiempos a pesar de que había sido pintado de un color ocre bastante feo.
Apenas estuve frente a la enorme estantería, un recuadro de libros se eyectó hacia adelante y hacia el costado, y la cara de Alejandra apareció enmarcada en la ventanita. "Entrá", me dijo, mientras relojeaba para los costados que nadie me viera. Entonces recordé la maniobra para entrar a través de esa abertura tan reducida: primero el pie derecho, dejarse chorrear hacia adentro, acomodar la cadera, pasar un brazo, el hombro, la cabeza, deslizar el torso, introducir la otra pierna, dejar el brazo izquierdo para el final de modo que tomara el rectángulo de libros que oficiaba de puerta, y cerrar con la mayor discreción posible. "Uf", pensé, "no sé si estoy para estos trotes".
Pero enseguida Alejandra movió la estantería y se abrió una puerta de tamaño perfectamente normal. Se ve que además de pintar el techo habían resuelto ese tema. Adentro también estaba cambiado: ahora eran dos habitaciones, bastante grandes, una para las reuniones y la otra para los apuntes.
Me quedé mirando un poco, a ver si entendía. Nadie me habló. No supe para qué había vuelto.
No da el sol en casa. En invierno.

Bueno.
Se lo puede esperar
entre las 9.33 y las 9:47.

Se posa, primero, en mi mesa de luz.
La baña de costado,
en diagonal,
y de a poco se va adueñando
de la pila de libros.
Se recorta en la pared
como un retrato,
y después desaparece.
Pero yo sé,
en realidad,
que se repliega
hasta otra ventana,
y lo sigo.

Bueno.
Lo seguimos, el gato y yo.
Le ofrecemos nuestros rostros
y recibimos unos minutos
de calor amarillo.

Cuando se va
-y se va enseguida-
tengo mucho más frío
que al principio.

No sé si quiero seguir
teniéndolo de esta forma.

Bueno.
En definitiva.
No da el sol en casa. En invierno.

Se lo puede esperar.

Y se va enseguida.


El árbol de bananas

La señora se había sentado adelante de todo, a la derecha del chofer. Le había pedido que le avise en determinado punto, y el chofer se olvidó.
Llegando a Av. de Mayo la señora, tímidamente, susurró: "¿nos pasamos?". El chofer la miró por encima del hombro y se llevó la mano a la frente. "Nos pasamos", y enseguida agregó, intentando mirar también a un señor que estaba sentado justo detrás suyo, con un ramo de flores y peinado a la gomina: "pero pegamos la vuelta, no hay ningún problema". Y ahí nomás empezó la titánica tarea de girar ese volante desproporcionado, enorme, para doblar por alguna de las callecitas del centro.
Resulta que la señora y el señor, que no eran de la capital, querían pasar por el famoso árbol de bananas donde se habían conocido; un ejemplar centenario, de esos cuyas raíces, tronco y ramas forman recovecos para acunar parejas de jovencitos en las tardes y noches tibias de verano, y cuya base solía estar regada de bananas perfectamente comestibles, sólo que un poco más pequeñas que las que se consiguen en las verdulerías. Estaba por el lado de la avenida Córdoba, en la plaza frente al Colón. Y hacia allí puso norte el chofer, con determinación y un poco de culpa por el olvido. De camino, compró un capucchino para la señora y una medialuna para el señor. Por algún motivo, al resto de los pasajeros nos parecía perfectamente sensato lo que estaba pasando.

Tal vez el amor era
una forma de fijarse en el tiempo.

10 julio 2020

La lámpara

Los dos funcionarios públicos, subidos a una altísima escalera, se disponían a quitar la lámpara quemada. Era una bombilla de vidrio, igual a las comunes de hace unos años, pero con un vidrio que parecía de caramelo por lo delgado y amarillo, y del tamaño de una de esas pelotas para esferodinamia.
La operación era observada por un grupo de curiosos que formaban ronda abajo, alrededor de las cintas de seguridad.
El funcionario uno desenroscaba con cuidado la bombilla, mientras que el funcionario dos le sostenía las piernas para resguardar su equilibrio. La bombilla era realmente muy grande, por lo que el funcionario uno empleaba la fuerza de sus dos brazos y la torsión de su cintura para poder girarla.
Yo no estaba entre los curiosos de abajo, sino que simplemente pasaba por ahí y aminoré la marcha para observar el desenlace de la escena. Esperaba que, llegado el momento, el funcionario dos colocara sus brazos y manos formando un círculo que contuviera la lámpara removida, para luego bajarla de algún modo hasta el suelo. Pero esto nunca ocurrió, sino que el procedimiento finalizó cuando los funcionarios dejaron caer la bombilla a tierra, y esta se hizo pedazos justo al lado de la escalera y en medio de la ronda de curiosos, que por reflejo dieron un paso atrás mientras aplaudían azorados el espectáculo.

27 junio 2020

No.
Lo que me interroga
no es la noche.

Es un chasquido muy leve
que viene desde arriba
con la luz de la lámpara.

La densidad del aire,
más frío
y más nuevo,
despejado de urgencias.

La triste expresión
de las paredes; el humo,
el recorte amarillo
o azul
de las vidas de los otros.

Late en el medio
de los restos de pollo
en el plato de vidrio.

Una secuencia de puntos
suspensivos.

Un presente tenso y una frase
que termina arriba,
en la inspiración
Sin desenlace.


No.
No es la noche.
Es la reserva.
La planicie.
La posibilidad.



14 junio 2020

Vivaldi variation

 Ahora que tengo las copas en la cocina, si golpeo la mesada haciendo un eco las copas cantan. ¿Cantarían antes, adentro del armario? O bien: sí, como canarios enjaulados. O bien: no; incapaces de conseguir que el eco se les metiera adentro.

-

La verticalidad de la copa sobre la mesa no deja de estar impregnada del estruendo de los vidrios contra el piso. Si presto atención se escucha el zumbido de esa potencia.

-

Esta música de piano me hace querer poner mi corazón sobre la mesa.

Desearía haber estudiado música de chica, tener eso que llaman lenguaje musical. De todas las sabidurías a las que me siento inclinada, esta es la más urgente.

-

Si pienso en el amor ahora me parece absurdo. Será algo más a revisar; los niveles de absurdo y de racionalidad que estoy dispuesta a tolerar en el resto de mi vida. 

-

No. No quiero dar por finalizado el tiempo. 

Voy a tener que volver inventar todo, volver a soñarlo. Ahora no tengo ganas pero a veces mirando un ángulo vacío tengo la certeza de que voy a poder hacerlo de nuevo. 

https://open.spotify.com/track/3Dgmyz32dxvtxvUTPS0CUI...

30 mayo 2020

Verdadero encuentro con las flores

Fuimos a ver a la banda. Tocaron en el playón atrás del cementerio.
Creo que ni ella ni yo pensábamos que íbamos a terminar viendo a nuestro amigo de la infancia arriba de un escenario, tocando con una banda tan grosa.
Yo me vestí como nunca, me puse la pollera corta que no me había animado a usar en la fiesta de egresados, las plataformas y un top con brillos medio transparente. Eliana fue de jeans, zapatillas y remera; cuando la vi me pareció que eso era mucho más atractivo justamente porque no era tan obvio. Ella siempre sabe qué ponerse.
Juanchi estaba nervioso, me di cuenta apenas salieron. Busqué su mirada durante el primer tema, pero se ve que las luces lo encandilaban porque miraba como hacia ninguna parte. "Vamos más adelante", le dije a Eli cuando estaban por tocar el segundo. Nos pusimos casi al lado de uno de los parlantes, del lado del escenario donde estaba Juanchi con el bajo. Hice un esfuerzo con los ojos, que me los había delineado arriba y abajo con negro. No quería llamarlo, quería que él me descubriera. Más o menos en la mitad del segundo tema ya se lo veía menos tenso, como que iba entrando en el ritmo y en el personaje de músico profesional. En el acorde final, me vio. Sonreí de verdad, por la sorpresa. Eliana pegó un grito, agitó los brazos y aplaudió, y sus ojos fueron naturalmente hacia ella. Fue un segundo solamente que nos miramos; pero sentí que se había dado cuenta de que yo había cambiado.
Cuando terminaron de tocar nos fuimos con Eliana para fumar mientras esperábamos a que terminaran de acomodar sus cosas. Habíamos quedado en ir a tomar una cerveza a lo del Vikingo.
Nos sentamos entre los yuyos esos con florcitas amarillas que crecen por todo el cementerio. Uno de los afiches de la banda se había volado hasta arriba de una lápida. Ella arrancó un pedacito del afiche y lo enrolló como filtro; después armó el cigarro sobre su rodilla, con una maestría que yo no le había visto nunca. Soplaba una brisa linda, de verano, que por momentos tomaba envión y nos revolvía el pelo.

-Sonaron re bien- dije con la voz cortada por el humo.
-Msé... no tanto... en Buenos Aires sonaban mejor.

Eliana había ido a verlos cuando estuvo en Buenos Aires, en lo de su hermana, que está hace dos años estudiando allá. Se peleó con el papá y se sacó el pasaje, todo el mismo domingo. A la semana él la fue a buscar y después de eso anduvieron más tranquilos.

-Sabés que creo que Juanchi en un momento me miró... y capaz, quién te dice...
-Dale, boluda. Tenés a toda la banda para encarar, no vas a insistir con el Juanchi de vuelta.
-No, pero en serio te digo. Hubo algo.

Estaba por contestarme, pero hizo una inspiración honda de decepción, y después dejó salir algo así como una risa, o una exhalación con ruido, que le provocó un ataque de tos. Se paró para toser mejor. No sé cuánto tiempo duró la pausa, solo me quedé sentada esperando mientras se torcía para un lado y para el otro, se ponía en cuclillas, se sostenía de la lápida. Cuando terminó, con los ojos inyectados de lágrimas, volvió a sentarse enfrente mío.

-¿De qué hablábamos?
-De Juanchi. De que por ahí hoy pase algo.
-Ya pasó... en Buenos Aires.

Se quedó con el brazo extendido para que le pasara el cigarro, y cuando se dio cuenta en vez del cigarro me agarró la otra mano y me la apretó fuerte.

-Perdoná, boluda. ¿No te había contado? Pensé que sí, estaba re segura de que ya habíamos hablado de esto, te pido disculpas. Igual no fue nada, y tampoco es que él fuera tu novio o algo así, o sea, son cosas de hace mil años, para mí ya prescribió todo- hablaba sin hacer pausas y gradualmente me iba soltando la mano hasta que al final agarró el cigarro y le dio una pitada larga, reflexiva- Vos estabas en otra, qué se yo... estábamos ahí y se dio, me puse a chapar con el cantante de la banda y Juanchi se prendió, ya ni me acuerdo cómo fue, pero en un momento el cantante se fue con mi hermana y yo me quedé con Juanchi y bueno...  nos sacamos las ganas.

Y me puso la mano en el hombro.

-Pensé que sabías.

El viento se llevó el afiche un poco más allá.

-Qué fresco se puso. ¿Vamos yendo?


Eliana quería pasar por la casa a buscar un buzo así que agarramos para el lado de los galpones, por la calle de tierra.
-¡Caminás como un pato! - me dijo, tentada.

Pisaba como podía, por las plataformas, pero en realidad estaba dura de bronca, y ella se reía para aflojarme.
En eso escuchamos a Juanchi que venía en bicicleta tratando de alcanzarnos.

-¡¡Eu!! Las estaba buscando, ¿dónde se habían metido?
-Estuvimos fumando ahí en el cementerio.
-¿Pero van a lo del Vikingo?
-Sí, sí. Estábamos yendo pero vamos a pasar por casa a buscar abrigo.

No podía hablar, los veía como si estuvieran abajo de un cono de luz y yo justo al lado pero en la sombra, como si fuera invisible. Entonoces Juanchi me miró las piernas y me di cuenta que estaba encorvada, acurrucada en esa sombra que me envolvía. Me quise enderezar pero se me trabó un zapato y casi me caigo.

-Dale, bueno. No tarden, ¿eh? Los pibes están dejando los instrumentos en lo de mi vieja y ya van para allá. ¿Qué les pareció?
-Estuvo bueno- dijo Eliana- estuvo re bueno.

Juanchi sonrió, y acomodó el pedal como para arrancar. No sé de dónde me salió la voz:

-En el segundo tema te aflojaste.

Con un pie en el aire, y el otro en el pedal, giró la cabeza hacia mí y y largó una risa grande, como un volumen de agua que está retenido y de pronto se derrama.

En ese momento apareció un auto por la esquina, y dobló de golpe. Era el baterista. Venía solo, con un pucho apagado pegado en la boca. No llegó a frenar, sólo aminoró y gritó por la ventanilla.

-Juanchi, vamos rápido, tu vieja se descompuso.

Largó la bicicleta como si estuviera electrizada y le hubiera dado corriente. Se metió en el auto casi sin abrir la puerta y se alejaron haciendo ruido de motor viejo y dejando una nube de tierra.

Eliana los corrió un poco, yo no podía por las plataformas.

-¡Eu! ¡Avisen qué onda!

Levanté la bicicleta y la llevé del manubrio hasta el lugar de la calle donde había quedado Eliana, las  manos sobre las rodillas, respirando agitada.

-Qué cagada, la puta madre- me pasó un brazo por arriba de los hombros y se colgó. Yo solté la bici para sostenerla. Nos abrazamos.
-A lo mejor no es nada...- le dije.
-Bueno, pero igual. La noche ya está arruinada.

Levantamos la bicicleta, agarramos una de cada lado del manubrio y seguimos caminando despacio por el costado de los galpones.


26 mayo 2020

Un punto de inflexión

En la cena hablé de los sueños rotos. De los planes torcidos.
Después guardé la comida en la heladera y me di cuenta de que quizás no son sueños rotos ni planes torcidos. Son nuevas verdades que se superponen a antiguas verdades, como las nuevas identidades se superponen a las anteriores: sin borrarlas del todo, sin ocupar realmente su espacio. Ocupando el espacio de la verdad, que es lo que se ha movido.
También creo que, aun si el camino hubiera sido otro -si hubiera visto realizados esos planes-, en algún momento habría llegado a este lugar, a esta verdad.


Creo que lo que amamos no es la música, sino la forma en que nos hace sentir.
Lo mismo con los sueños, las personas.