No da el sol en casa. En invierno.
Bueno.
Se lo puede esperar
entre las 9.33 y las 9:47.
Se posa, primero, en mi mesa de luz.
La baña de costado,
en diagonal,
y de a poco se va adueñando
de la pila de libros.
Se recorta en la pared
como un retrato,
y después desaparece.
Pero yo sé,
en realidad,
que se repliega
hasta otra ventana,
y lo sigo.
Bueno.
Lo seguimos, el gato y yo.
Le ofrecemos nuestros rostros
y recibimos unos minutos
de calor amarillo.
Cuando se va
-y se va enseguida-
tengo mucho más frío
que al principio.
No sé si quiero seguir
teniéndolo de esta forma.
Bueno.
En definitiva.
No da el sol en casa. En invierno.
Se lo puede esperar.
Y se va enseguida.
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