08 septiembre 2020

~septiembre 2015~

 Cuando Ella entra, él está sentadito en el sillón, con cara de marido resignado. Ella supone equivocadamente que Aquella es la esposa, pero resulta que no. Aquella termina, paga y se va sola. Él fue a hacerse algo; como Ella.

Se miran por arriba del hombro. Ella se saca el camperón porque estaba fuerte. La calefacción.
Una señora lo hace pasar. Se sienta de espaldas a ella, y es una linda espalda. Y la mira un poquito por el espejo. Ella hojea una revista Hola! que es un irresistible canto a la idiotez, pero cada tanto también lo espía a través del espejo.
La señora trabaja a un lado y otro de su cabeza. Es rápida.
Cada vez que Ella vuelve a mirarlo por el espejo le descubre las entradas, la calvicie avanzada en la cima del cráneo, la nuca cuadrada, la camisa aburrida, la cifosis dorsal.
Cuando sale ya es otro. No la mira, pero no importa porque Ella tampoco a Él.
La llaman; la misma señora.
No le lleva más de cinco minutos perpetrar su horrible crimen.
Ella, los ojos llorosos, mientras saca el billete de 100 para pagar, se reprocha el haber venido.
Y se pregunta para qué lado habrá salido Él, a ver si lo alcanza y quién te dice.
Damnificados por la misma tijera.

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