El aire parece nuevo sobrevolando los faroles. Las almas también se estrenan en los bancos grises.
Disposición y entrega para observar la huella del invierno en el movimiento quieto del barrio entero. Una pausa plena. Bolsillo de cielo y árbol centenario. El pliegue es exacto para ver la luna.
Todos hablan en el silencio sin despertarlo. Se protege el instante, precioso. Se puede entender cierta ternura en los gestos. Una coreografía sincera: cuerpos acariciando el espacio que se creyó perdido.

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