Tengo que dormir, pero no duermo. Me quedo a voluntad en este insomnio para escribir y que no se atragante tanto que siento.
Medito si voy a devolverle el libro, si voy a deslizar en él una dedicatoria apócrifa, si voy a volver a decir lo que ya dije para volver a escuchar lo que ya escuché.
A veces no alcanza con quererse. No alcanza porque los vasos siguen rompiéndose y la desidia los sigue dejando rotos, en la mesada; filosos, y sobre todo rotos. Y el piso de la cocina astillado, y la escoba sucia, y el vaso roto, irremediablemente roto y sin arreglo.
Quiero ser otra vez Wendy en su mirada de niño que no quiere crecer. Jugar a la casita y que sea mi esposo; un padre para los niños perdidos y niño perdido a su vez. Quiero mirar sus ojos y ver chispas de presente y no este futuro; nunca jamás este futuro en el que nada se imagina, o, mejor dicho, en el que se hacen polvo las imágenes, como ese verano con las fotos.
Como esas tormentas eléctricas; como ese rayo partido que ciega un instante y después se queda titilando en las pupilas. Y no se va. No se va.
06 enero 2016
29 julio 2015
Invento
Si yo fuera científica
del Conicet
presentaría un proyecto
para inventar el brebaje
de la felicidad.
Al tomarlo
se sentiría en el cuerpo
la cosquilla prístina
del primer beso.
La probaría primero
conmigo
en el desayuno.
Eventualmente,
no podría dejarla.
Sería su esclava.
Viviría besando
y siendo besada
con esa ansiedad
con esa promesa
con esa magia
de la primera vez.
Me acecharían
temblores
y espasmos
de amor
a cada rato
(porque llevaría,
escondidas en la cartera,
algunas dosis,
y las administraría
con celo
durante todo el día)
En algún momento
el médico diría
que ya fue suficiente.
Que ningún cuerpo aguanta
esa intensidad
arrolladora
prolongándose en el tiempo.
Que nada puede
ni debe
durar para siempre.
Entonces yo dejaría
el brebaje
y vendrían los sudores
los padecimientos
de la abstinencia.
Me aferraría a la cama
como una posesa
clamando por una gota,
siquiera,
de esa emoción
esperanzadora.
Tendría la fiebre del llanto
y el llanto de la fiebre.
Y si alguien,
compadeciéndose
de mi estado,
viniera y me besara
los labios
amoratados por la angustia,
yo nada sentiría.
Ni amor
ni deseo.
Sólo una leve cosquilla
parecida al desengaño.
del Conicet
presentaría un proyecto
para inventar el brebaje
de la felicidad.
Al tomarlo
se sentiría en el cuerpo
la cosquilla prístina
del primer beso.
La probaría primero
conmigo
en el desayuno.
Eventualmente,
no podría dejarla.
Sería su esclava.
Viviría besando
y siendo besada
con esa ansiedad
con esa promesa
con esa magia
de la primera vez.
Me acecharían
temblores
y espasmos
de amor
a cada rato
(porque llevaría,
escondidas en la cartera,
algunas dosis,
y las administraría
con celo
durante todo el día)
En algún momento
el médico diría
que ya fue suficiente.
Que ningún cuerpo aguanta
esa intensidad
arrolladora
prolongándose en el tiempo.
Que nada puede
ni debe
durar para siempre.
Entonces yo dejaría
el brebaje
y vendrían los sudores
los padecimientos
de la abstinencia.
Me aferraría a la cama
como una posesa
clamando por una gota,
siquiera,
de esa emoción
esperanzadora.
Tendría la fiebre del llanto
y el llanto de la fiebre.
Y si alguien,
compadeciéndose
de mi estado,
viniera y me besara
los labios
amoratados por la angustia,
yo nada sentiría.
Ni amor
ni deseo.
Sólo una leve cosquilla
parecida al desengaño.
20 julio 2015
Historia de un 20 de julio
Fue hace nueve años, Julia.
Teníamos poco más de veinte cada uno, y ya habíamos probado nuestros besos, pero sin todavía decidir qué hacer con esa magia.
Yo compré un plumín con tinta y una libreta; un par de excusas para verlo.
Nos sentamos en una esquina, como nos gustaba hacer en ese entonces. Le di mi regalo. Le gustó.
Nos sentamos a comer panqueques en Carlitos, como solíamos hacer en ese entonces.
Hablamos un rato, supongo. Una conversación de esas que están ahí para llegar a otra cosa, un relleno hecho de silencios y palabras.
Entonces él me dijo un piropo y ahí sí, echó a andar el tiempo de esa noche.
Nos dimos unos cuantos besos, y una promesa de amor que sólo la luna supo, en la puerta de mi casa. Al día siguiente me fui de viaje con esos besos atesorados en los labios.
Y hubo una vez que decidimos redoblar esa promesa. Él habló de un cuento que había estado en el bolsillo de su saco durante mucho tiempo, recordándole algo importante. Habló del hogar. Papel y tinta, una modesta forma de sentirse en casa. Todo eso que ahora, parece, ya no tiene valor en su mundo.
Un día vinimos a ver esta casa y nos paramos en el cuarto vacío, mirando para adelante. Parecía inmensa. Era una tarde lluviosa de Agosto y la casa prometía su refugio. Y en esa trayectoria (la de nuestros ojos, desde la punta del cuarto hasta el balcón) entraron muchas ganas.
Hoy están ahí, en ese cuarto que soñamos para vos, todas sus cosas, listas para que se las lleve. Porque esas promesas se rompieron, o esas ganas se pusieron viejas, o se le volvieron ajenas.
Entonces, Julia, hay este último desgarro antes de recibirte. Después, te prometo, ese cuarto va a ser tu luna. Tu refugio y tu taller de sueños. Algo, sí, va a quedar de este dolor. Una historia que voy a contarte con las palabras más sencillas que encuentre. Porque, sabés, yo sí creo que la historia está impregnada en cada uno de nuestros poros. Que soy -que somos- también el recuerdo de lo que fuimos. Si no fuera así, Julia, no te estaríamos esperando.
Teníamos poco más de veinte cada uno, y ya habíamos probado nuestros besos, pero sin todavía decidir qué hacer con esa magia.
Yo compré un plumín con tinta y una libreta; un par de excusas para verlo.
Nos sentamos en una esquina, como nos gustaba hacer en ese entonces. Le di mi regalo. Le gustó.
Nos sentamos a comer panqueques en Carlitos, como solíamos hacer en ese entonces.
Hablamos un rato, supongo. Una conversación de esas que están ahí para llegar a otra cosa, un relleno hecho de silencios y palabras.
Entonces él me dijo un piropo y ahí sí, echó a andar el tiempo de esa noche.
Nos dimos unos cuantos besos, y una promesa de amor que sólo la luna supo, en la puerta de mi casa. Al día siguiente me fui de viaje con esos besos atesorados en los labios.
Y hubo una vez que decidimos redoblar esa promesa. Él habló de un cuento que había estado en el bolsillo de su saco durante mucho tiempo, recordándole algo importante. Habló del hogar. Papel y tinta, una modesta forma de sentirse en casa. Todo eso que ahora, parece, ya no tiene valor en su mundo.
Un día vinimos a ver esta casa y nos paramos en el cuarto vacío, mirando para adelante. Parecía inmensa. Era una tarde lluviosa de Agosto y la casa prometía su refugio. Y en esa trayectoria (la de nuestros ojos, desde la punta del cuarto hasta el balcón) entraron muchas ganas.
Hoy están ahí, en ese cuarto que soñamos para vos, todas sus cosas, listas para que se las lleve. Porque esas promesas se rompieron, o esas ganas se pusieron viejas, o se le volvieron ajenas.
Entonces, Julia, hay este último desgarro antes de recibirte. Después, te prometo, ese cuarto va a ser tu luna. Tu refugio y tu taller de sueños. Algo, sí, va a quedar de este dolor. Una historia que voy a contarte con las palabras más sencillas que encuentre. Porque, sabés, yo sí creo que la historia está impregnada en cada uno de nuestros poros. Que soy -que somos- también el recuerdo de lo que fuimos. Si no fuera así, Julia, no te estaríamos esperando.
09 julio 2015
¿Nunca nevó en Buenos Aires?
Sí.
La calle olía a pista de patinaje
el frío estaba adherido en las mejillas
y las bufandas ondeaban misteriosamente
como en esa foto del hombre en la luna.
Una luna de invierno
Otro veinte de Julio
Empezó el tiempo
Y en otros fríos lejanos
felices
de heladas fuentes brotaron deseos
***
Mi ternura inmóvil
como el axolote del cuento
existe y espera una transmigración.
De este lado del vidrio no hay
verdaderamente
un tiempo que pasa.
El pasado es veneno del presente.
Contamina el agua de melancólicas muertes.
No hay mañana.
Siempre es ahora. Y ahora es nunca.
Sí.
La calle olía a pista de patinaje
el frío estaba adherido en las mejillas
y las bufandas ondeaban misteriosamente
como en esa foto del hombre en la luna.
Una luna de invierno
Otro veinte de Julio
Empezó el tiempo
Y en otros fríos lejanos
felices
de heladas fuentes brotaron deseos
***
Mi ternura inmóvil
como el axolote del cuento
existe y espera una transmigración.
De este lado del vidrio no hay
verdaderamente
un tiempo que pasa.
El pasado es veneno del presente.
Contamina el agua de melancólicas muertes.
No hay mañana.
Siempre es ahora. Y ahora es nunca.
07 junio 2015
fue un viernes de junio
sonaba de fondo esta canción en una estación de servicio por juan b. justo.
habíamos caminado por la calle, charlando. había un afiche de la película cars que acababa de estrenarse. hicimos algún comentario sobre eso que no recuerdo. o sí, vagamente: sobre la ternura de ese remolquecito dientón; y sobre lo absurdo de animar autos.
en la estación tomamos café y sonaba esta canción, recién estrenada también.
y había algo desenchufado. los dos nos dimos cuenta.
y después desapareciste. un día. dos.
hubo un domingo de lluvia y desilusión.
yo me acuerdo.
fue hace tanto y hace tan poco.
https://www.youtube.com/watch?v=dGjW4iEXKkg
sonaba de fondo esta canción en una estación de servicio por juan b. justo.
habíamos caminado por la calle, charlando. había un afiche de la película cars que acababa de estrenarse. hicimos algún comentario sobre eso que no recuerdo. o sí, vagamente: sobre la ternura de ese remolquecito dientón; y sobre lo absurdo de animar autos.
en la estación tomamos café y sonaba esta canción, recién estrenada también.
y había algo desenchufado. los dos nos dimos cuenta.
y después desapareciste. un día. dos.
hubo un domingo de lluvia y desilusión.
yo me acuerdo.
fue hace tanto y hace tan poco.
https://www.youtube.com/watch?v=dGjW4iEXKkg
03 junio 2015
la fuga
Esto soy yo: un hueco.
Tengo fiebre y me quemo,
pero afuera el otoño
disfrazado de Enero.
Nunca me entendí
con la ausencia
empecinada
de tu abrazo.
Porque irse, ya se ha ido.
-Fijate que uso el pretérito compuesto,
porque decir se fue
tiene gusto a sorpresa.
Tu abrazo se ha ido,
digo, otras veces. Es
como se dice
una forma de lo frecuente-.
Esto soy: un recipiente.
Tengo sueño e insomnio,
pero afuera la noche
disfrazada de perro viejo.
Esto soy: dos seres.
Animal fantástico.
El después de todo esto
-nada-
se me esconde como un fauno
de árbol en árbol.
Por mucho que me acerco
-algo-
se me vuelve niebla,
musgo,
paisaje que no descifro.
Tengo fiebre y me quemo,
pero afuera el otoño
disfrazado de Enero.
Nunca me entendí
con la ausencia
empecinada
de tu abrazo.
Porque irse, ya se ha ido.
-Fijate que uso el pretérito compuesto,
porque decir se fue
tiene gusto a sorpresa.
Tu abrazo se ha ido,
digo, otras veces. Es
como se dice
una forma de lo frecuente-.
Esto soy: un recipiente.
Tengo sueño e insomnio,
pero afuera la noche
disfrazada de perro viejo.
Esto soy: dos seres.
Animal fantástico.
El después de todo esto
-nada-
se me esconde como un fauno
de árbol en árbol.
Por mucho que me acerco
-algo-
se me vuelve niebla,
musgo,
paisaje que no descifro.
30 mayo 2015
mirador
I
Disfruto, como nunca antes, de mirarme desnuda en el espejo.
Tu mirada se ausentó cuando empecé a cambiar.
Soy como un animal fantástico, me digo.
Algo habrá de monstruoso en esto, porque tu pobre mirada de hombre asustado no quiere ser parte. Se fuga, pero sin perspectiva.
II
La redondez se multiplica. Me siento hermosa y extraña.
El ombligo-pupila también mira. Es que faltan tus dos ojos, pero yo, acá, mientras tu vida se me diluye como tinta en el agua, estoy cosechando tres.
III
Los hombres me miran. Con intensidad, con curiosidad, con reservas, con poesía, con secretos, con luz verde.
Yo los miro también.
Les digo sin palabras que estoy lista para un café.
Disfruto, como nunca antes, de mirarme desnuda en el espejo.
Tu mirada se ausentó cuando empecé a cambiar.
Soy como un animal fantástico, me digo.
Algo habrá de monstruoso en esto, porque tu pobre mirada de hombre asustado no quiere ser parte. Se fuga, pero sin perspectiva.
II
La redondez se multiplica. Me siento hermosa y extraña.
El ombligo-pupila también mira. Es que faltan tus dos ojos, pero yo, acá, mientras tu vida se me diluye como tinta en el agua, estoy cosechando tres.
III
Los hombres me miran. Con intensidad, con curiosidad, con reservas, con poesía, con secretos, con luz verde.
Yo los miro también.
Les digo sin palabras que estoy lista para un café.
25 mayo 2015
Por qué no. O cuándo.
Esperar una caricia
-el deslizarse de una mano
por la espalda,
apenas-
Parece cosa de antes
¿No merezco yo
también
ese gesto?
¿Esa delicadeza
que se reserva
al gato, a la superficie
rugosa del pantalón
mientras se espera
que el frío
que el colectivo
pasen?
Esperar
el abrazo
espontáneo
Hundirme en tu cuello
-no esperar ya nada-
Pero por qué no.
O cuándo.
-el deslizarse de una mano
por la espalda,
apenas-
Parece cosa de antes
¿No merezco yo
también
ese gesto?
¿Esa delicadeza
que se reserva
al gato, a la superficie
rugosa del pantalón
mientras se espera
que el frío
que el colectivo
pasen?
Esperar
el abrazo
espontáneo
Hundirme en tu cuello
-no esperar ya nada-
Pero por qué no.
O cuándo.
20 mayo 2015
De pronto, un hueco.
Se abre un agujero en la tierra de uno; desarraigo de lo propio, vértigo, caos, pérdida irremediable del equilibrio.
Como un tornado, pero hacia lo profundo. Como un terremoto, o una erupción, pero para adentro.
La lucha es agotadora. No caerse al hueco, resistir la succión terrible del abismo, de esa nada del no que es densa y pringosa como brea caliente.
Entonces, arraigar en otras superficies para no irse a pique.
Y ver cómo brotan las manos. No una ni dos ni cuatro. Muchas manos que sostienen, apuntalan, abrazan, acarician y también rasguñan y golpean y apisonan, reparan y revuelven, rebuscan y arriman.
Gracias.
Se abre un agujero en la tierra de uno; desarraigo de lo propio, vértigo, caos, pérdida irremediable del equilibrio.
Como un tornado, pero hacia lo profundo. Como un terremoto, o una erupción, pero para adentro.
La lucha es agotadora. No caerse al hueco, resistir la succión terrible del abismo, de esa nada del no que es densa y pringosa como brea caliente.
Entonces, arraigar en otras superficies para no irse a pique.
Y ver cómo brotan las manos. No una ni dos ni cuatro. Muchas manos que sostienen, apuntalan, abrazan, acarician y también rasguñan y golpean y apisonan, reparan y revuelven, rebuscan y arriman.
Gracias.
18 mayo 2015
sueño del sueño
Venías con tus ojos de antes, con tu voz de antes. A decirme palabras de antes.
Me agarrabas la cara con tus manos de antes, una de cada lado. Y mis mejillas eran suaves, en el sueño.
Y tus palabras, tus manos, tus ojos. Habían viajado desde el sueño de mi sueño. A ser lo que esperaba. A volver a la vida el tiempo muerto.
Algo se desprendió.
El viento se llevó tu cara.
Ahí están tus ojos, como botones descosidos.
Se puede sacudir este sueño del sueño.
Y los botones se caen, se pierden para siempre bajo la mesada.
10 mayo 2015
El sonámbulo
Él es un sonámbulo. Vive dormido pero sin soñar. La vida se le hace sueño, o pesadilla. Ya casi no escribe, porque pasa el tiempo leyendo una y otra vez los mismos párrafos. Prefiere la repetición, sin interferencia. Escucha, cada cierta cantidad de tiempo, un zumbido lejano dentro del oído. Entonces su cola de escorpión se iza, como el brazo de una grúa autómata, y hunde su aguijón en el barco que lo llevaba a la otra orilla.
Así se ahoga, el sonámbulo. Pero, como está siempre dormido, la vida se le hace chiquita y lejana, se le arruga como una servilleta de bar en la que se ha anotado algo sin importancia; y la muerte, en cambio, se arremanga y lo espera en el fondo para sacudirlo hasta despertarlo, por primera y última vez.
Así se ahoga, el sonámbulo. Pero, como está siempre dormido, la vida se le hace chiquita y lejana, se le arruga como una servilleta de bar en la que se ha anotado algo sin importancia; y la muerte, en cambio, se arremanga y lo espera en el fondo para sacudirlo hasta despertarlo, por primera y última vez.
09 mayo 2015
sueño de la playa
la playa era un rollo de cartulina que hacía fuerza para desenroscarse, de la arena a la orilla, de la orilla a la rompiente, un tubo de papel cartón queriendo ser un plano, o a veces un plano queriendo enrollarse; así era la playa y la recorría con espanto de quedar atrapada en esa vuelta de espiral porque, ayer lo comprendí, la vida es una herida absurda, y cómo el tango nunca se equivoca, contame tu condena decime tu fracaso, no ves la pena que me ha herido; ahí, en la cinta de arena, el temblor de la forma que quiere volver a ser, el capricho de la inercia, y en el horizonte -no el del cielo, esta vez; el de la certeza- una tormenta lista para consumir, donde el barro se subleva; ya sé no me digás tenés razón, la amenaza estaba quieta como una fiera con el labio arremangado, era cuestión de huir pero el rollo apretaba los pies y allá lejos no se adivinaba nada, y es todo todo tan fugaz, como dice Cátulo, y tiene razón.
06 mayo 2015
seis de mayo
Yo qué quería.
Quería un amor para toda la vida.
Creí que lo había encontrado.
Mi amigo del colegio, mi compañero de banco, el pibe que se sentaba conmigo en la escalera a hablar de cuentos o de cualquier cosa aunque mi novio era otro. El pibe que me hacía reír, que se reía de mis chistes. El pibe que un día miré distinto, que me miró y me abrazó y me abrió un mundo nuevo. El pibe con el que, de viaje, siempre encontrábamos cosas para divertirnos barato. Mi cómplice, mi amante. El pibe con el que me fui de casa, con el que armé un hogar. El pibe que me propuso matrimonio, que se transformó en la familia elegida, en el colchón calentito y amoroso al que volver después de un día de furia o de logros. El pibe con el que nos subimos a un avión y conocimos los lugares más maravillosos de la vida, pero que eran más maravillosos porque estábamos juntos. El pibe con el que soñé este hijo que ahora crece en mi panza, que lo soñamos juntos, de mil maneras.
Ese pibe. Ahora no quiere más. El amor se le fue de adentro como un líquido.
Y yo, que estoy llena de él en cada rincón mío, me siento de pronto como una caracola seca.
No hay más hogar. No hay más familia. No hay lo que yo pensé que era irrompible: el amor.
Hoja seca que me quiero caer del árbol. En este otoño. El más triste del mundo.
Quería un amor para toda la vida.
Creí que lo había encontrado.
Mi amigo del colegio, mi compañero de banco, el pibe que se sentaba conmigo en la escalera a hablar de cuentos o de cualquier cosa aunque mi novio era otro. El pibe que me hacía reír, que se reía de mis chistes. El pibe que un día miré distinto, que me miró y me abrazó y me abrió un mundo nuevo. El pibe con el que, de viaje, siempre encontrábamos cosas para divertirnos barato. Mi cómplice, mi amante. El pibe con el que me fui de casa, con el que armé un hogar. El pibe que me propuso matrimonio, que se transformó en la familia elegida, en el colchón calentito y amoroso al que volver después de un día de furia o de logros. El pibe con el que nos subimos a un avión y conocimos los lugares más maravillosos de la vida, pero que eran más maravillosos porque estábamos juntos. El pibe con el que soñé este hijo que ahora crece en mi panza, que lo soñamos juntos, de mil maneras.
Ese pibe. Ahora no quiere más. El amor se le fue de adentro como un líquido.
Y yo, que estoy llena de él en cada rincón mío, me siento de pronto como una caracola seca.
No hay más hogar. No hay más familia. No hay lo que yo pensé que era irrompible: el amor.
Hoja seca que me quiero caer del árbol. En este otoño. El más triste del mundo.
02 mayo 2015
tríptico
en los sueños los bebés
son lagartijas o extrañas
rejillas peludas que
lloran al verme y
se cagan sobre mis piernas
en los sueños los amantes
son psicópatas o egoístas
perversos que dejan
la cama vacía y
acaban sobre sus piernas
en los sueños el amor
es abajo de las sábanas de
la casa de alguien más
en un tiempo que no es este
en un cuerpo que no es mío
son lagartijas o extrañas
rejillas peludas que
lloran al verme y
se cagan sobre mis piernas
en los sueños los amantes
son psicópatas o egoístas
perversos que dejan
la cama vacía y
acaban sobre sus piernas
en los sueños el amor
es abajo de las sábanas de
la casa de alguien más
en un tiempo que no es este
en un cuerpo que no es mío
Suscribirse a:
Entradas (Atom)