Me agarrabas la cara con tus manos de antes, una de cada lado. Y mis mejillas eran suaves, en el sueño.
Y tus palabras, tus manos, tus ojos. Habían viajado desde el sueño de mi sueño. A ser lo que esperaba. A volver a la vida el tiempo muerto.
Algo se desprendió.
El viento se llevó tu cara.
Ahí están tus ojos, como botones descosidos.
Se puede sacudir este sueño del sueño.
Y los botones se caen, se pierden para siempre bajo la mesada.
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