20 mayo 2015

De pronto, un hueco.
Se abre un agujero en la tierra de uno; desarraigo de lo propio, vértigo, caos, pérdida irremediable del equilibrio.
Como un tornado, pero hacia lo profundo. Como un terremoto, o una erupción, pero para adentro.
La lucha es agotadora. No caerse al hueco, resistir la succión terrible del abismo, de esa nada del no que es densa y pringosa como brea caliente.

Entonces, arraigar en otras superficies para no irse a pique.
Y ver cómo brotan las manos. No una ni dos ni cuatro. Muchas manos que sostienen, apuntalan, abrazan, acarician y también rasguñan y golpean y apisonan, reparan y revuelven, rebuscan y arriman.

Gracias.

No hay comentarios.: