Soñé que tenía trabajos raros. Uno era una especie de lavadero de autos, y estimo que yo era nueva. Estaba parada en una esquina del lugar, con mi uniforme, y veía llegar con mucho entusiasmo mi primer auto. El detalle es que las herramientas que tenía para hacer mi tarea eran de juguete: uno de esos sets de escobita, palita y trapeador de plástico que venden en jugueterías y bazares. Igual estaba feliz, y confiada.
Una noche de la semana pasada le mostré a alguien que quiero mucho un poema que escribí, al que titulé "Tal vez una canción" porque tenía el deseo de que lo fuera, pero bastantes dudas de que pudiera llegar a serlo. Así que, con un empujoncito, empecé a ponerle algunos de mis acordes favoritos, fui reajustando el texto, probando, grabando pedacitos, hasta que quedó, tal vez, una canción.
Y un poco me sentí como en el sueño de anoche: encarando una tarea nueva con unas herramientas algo precarias, pero con la ilusión intacta. Podría pensar otras metáforas, pero esta que sugirió mi inconsciente me parece de una inmensa ternura.
Esta semana voy a empezar un taller de canciones. Por eso quiero parir esta, que nació de un deseo muy hondo: el deseo de desear, siempre. La saco afuera para que adentro nazcan otras nuevas, nuevas, nuevas.
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Yo sé que voy a salir de vos,
voy a salir de vos,
voy a salir de vos.
(bis)
Sé que voy a salir de vos
aturdida y exhausta
como de una explosión.
Voy a salir de vos
como del subte,
agazapada en vapor.
Estoy siguiendo la música
como un espejismo hacia otro lugar.
Quiero recuperarme del sueño
y elegir un puerto para dinamitar.
Quiero de vuelta la ciudad entera,
su espejo roto en forma de corazón.
Quiero buscar de nuevo toda mi magia
todos los cielos
Tal vez una canción, ooh.
Tal vez una canción
Sé que voy a salir de vos
voy a salir de vos.
Yo sé que voy a salir de vos
voy a salir...
Quiero la música que traje de lejos.
Quiero gritar el nombre griego de un dios.
Y quiero que no se me bore el deseo.
Un puerto nuevo.
Tal vez una canción, ooh.
Tal vez una canción.