Podría quedarme a vivir en este tiempo de Julia chiquita y compañera, escuchar en loop la carcajada por las gracias de animalitos varios en YouTube, insistir en que debe dormir en su cama pero llevarla a upa conmigo -darle siempre dos besitos en el cachete al levantarla- y mirarla dormida y larga en los ratos de insomnio.
Quisiera prolongar este tiempo de saber que estoy para ella sin dejar de estar conmigo, en mí. Esta celebración del reencuentro, cuando vuelve, y me dice que no me extrañó y me aprieta en un abrazo entero, definitivo.
Todo lo que hay disperso de mí se reúne de nuevo en esos abrazos.
Mamá viejita va a recordar a esta Julia chiquita, aprendiza y sabia; orgullosa y reflexiva. Sus ojos con estrellitas y sus cachetes todavía rosados, los bucles radiantes, las palabras justas, el espíritu curioso y noble.
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