18 mayo 2015

sueño del sueño

Venías con tus ojos de antes, con tu voz de antes. A decirme palabras de antes. 
Me agarrabas la cara con tus manos de antes, una de cada lado. Y mis mejillas eran suaves, en el sueño. 
Y tus palabras, tus manos, tus ojos. Habían viajado desde el sueño de mi sueño. A ser lo que esperaba. A volver a la vida el tiempo muerto. 


Algo se desprendió.
El viento se llevó tu cara.

Ahí están tus ojos, como botones descosidos.
Se puede sacudir este sueño del sueño.
Y los botones se caen, se pierden para siempre bajo la mesada.

10 mayo 2015

El sonámbulo

Él es un sonámbulo. Vive dormido pero sin soñar. La vida se le hace sueño, o pesadilla. Ya casi no escribe, porque pasa el tiempo leyendo una y otra vez los mismos párrafos. Prefiere la repetición, sin interferencia. Escucha, cada cierta cantidad de tiempo, un zumbido lejano dentro del oído. Entonces su cola de escorpión se iza, como el brazo de una grúa autómata, y hunde su aguijón en el barco que lo llevaba a la otra orilla.
Así se ahoga, el sonámbulo. Pero, como está siempre dormido, la vida se le hace chiquita y lejana, se le arruga como una servilleta de bar en la que se ha anotado algo sin importancia; y la muerte, en cambio, se arremanga y lo espera en el fondo para sacudirlo hasta despertarlo, por primera y última vez.

09 mayo 2015

sueño de la playa

la playa era un rollo de cartulina que hacía fuerza para desenroscarse, de la arena a la orilla, de la orilla a la rompiente, un tubo de papel cartón queriendo ser un plano, o a veces un plano queriendo enrollarse; así era la playa y la recorría con espanto de quedar atrapada en esa vuelta de espiral porque, ayer lo comprendí, la vida es una herida absurda, y cómo el tango nunca se equivoca, contame tu condena decime tu fracaso, no ves la pena que me ha herido; ahí, en la cinta de arena, el temblor de la forma que quiere volver a ser, el capricho de la inercia, y en el horizonte -no el del cielo, esta vez; el de la certeza- una tormenta lista para consumir, donde el barro se subleva; ya sé no me digás tenés razón, la amenaza estaba quieta como una fiera con el labio arremangado, era cuestión de huir pero el rollo apretaba los pies y allá lejos no se adivinaba nada, y es todo todo tan fugaz, como dice Cátulo, y tiene razón.

06 mayo 2015

seis de mayo

Yo qué quería.
Quería un amor para toda la vida.
Creí que lo había encontrado.
Mi amigo del colegio, mi compañero de banco, el pibe que se sentaba conmigo en la escalera a hablar de cuentos o de cualquier cosa aunque mi novio era otro. El pibe que me hacía reír, que se reía de mis chistes. El pibe que un día miré distinto, que me miró y me abrazó y me abrió un mundo nuevo. El pibe con el que, de viaje, siempre encontrábamos cosas para divertirnos barato. Mi cómplice, mi amante. El pibe con el que me fui de casa, con el que armé un hogar. El pibe que me propuso matrimonio, que se transformó en la familia elegida, en el colchón calentito y amoroso al que volver después de un día de furia o de logros. El pibe con el que nos subimos a un avión y conocimos los lugares más maravillosos de la vida, pero que eran más maravillosos porque estábamos juntos. El pibe con el que soñé este hijo que ahora crece en mi panza, que lo soñamos juntos, de mil maneras.
Ese pibe. Ahora no quiere más. El amor se le fue de adentro como un líquido.
Y yo, que estoy llena de él en cada rincón mío, me siento de pronto como una caracola seca.
No hay más hogar. No hay más familia. No hay lo que yo pensé que era irrompible: el amor.
Hoja seca que me quiero caer del árbol. En este otoño. El más triste del mundo.

02 mayo 2015

en casa

todo florece
menos vos

tríptico

en los sueños los bebés
son lagartijas o extrañas
rejillas peludas que
lloran al verme y
se cagan sobre mis piernas

en los sueños los amantes
son psicópatas o egoístas
perversos que dejan
la cama vacía y
acaban sobre sus piernas

en los sueños el amor
es abajo de las sábanas de
la casa de alguien más
en un tiempo que no es este
en un cuerpo que no es mío

29 abril 2015

de cómo no ser el perro que mueve la cola apenas oye el tintineo de la llave acercándose a la cerradura

25 abril 2015

pececito

crecés, pececito.
eso lo sé porque casi no como, pero la panza se agranda.

te movés.
creo sentirlo, a veces.
sos como una cosquilla, como un empujoncito amoroso hacia adelante.
y yo que parece que me caigo, pero el empujoncito me sostiene.

¿sos feliz, pececito?
¿te gusta nadar?

te prometo llevarte siempre a nadar, cuando salgas.
te prometo palitos de queso, si es que llegan a gustarte tanto como a mí.
te prometo un puré de calabaza que me sale rico.
te prometo besos y abrazos, y cuentos y canciones.

te prometo un mundo, pececito.
uno que te guste, que puedas elegir, dentro del que toca.



22 abril 2015

sueño del ciego

La imagen es difusa.
Era una fiesta de casamiento, en un salón lleno de globos y manteles. La luz escaseaba, como suele ser en esos salones, en esos eventos.
El ciego estaba sentado en mi misma mesa y yo le mostraba unas fotos que había sacado.
Con su dedo pulgar en forma de martillo, recorría la superficie de las fotos, y me pedía que les sacara el acetato para sentir mejor. Me impresionaba su dedo deforme, pero había algo erótico en el modo en que ese hombre veía, con las manos, mis fotos. Lo erótico estaba, justamente, en ese otro modo de ver.

The thin ice

Momma loves her baby 
And Daddy loves you too 
And the sea may look warm to you Babe 
And the sky may look blue 
Ooooh Babe 
Ooooh Baby Blue 
Ooooh Babe 
If you should go skating 
On the thin ice of modern life 
Dragging behind you the silent reproach 
Of a million tear stained eyes 
Don't be surprised, when a crack in the ice 
Appears under your feet 
You slip out of your depth and out of your mind 
With your fear flowing out behind you 
As you claw the thin ice

15 abril 2015

Adopción

Los miércoles no trabajo entonces voy al super.

Voy al super, y, de ida, reparo en una prolija pila de tres cajas, todas atadas con impecable piolín pizzero, en la esquina de Bulnes y Lavalle, junto a un auto estacionado.
Vuelvo del super, y reparo nuevamente en las cajas, que siguen ahí, prolijamente estibadas como si alguien las estuviera por trasladar en uno de esos carritos con dos ruedas y manijas. Pero no, porque ahí estaban hace 40 minutos y ahí siguen ahora, sin nadie que las custodie ni de cerca ni de lejos.
Me acerco y miro por la hendija tras el piolín (alguien, parece, ya se vio tentado, como yo, por ver qué había adentro, y rasgó el cartón de la tapa).
LIBROS. Son libros.
Un pibe pone la llave en la puerta de ph que está justo en frente de las cajas; me mira con curiosidad, yo le devuelvo la mirada y le pregunto si son suyos.
No son suyos, y entre los dos empezamos a abrir la primera caja, como si de un regalo navideño se tratara. Revisamos, revolvemos, comentamos. Pasan dos laburantes y nos hacen una broma, "¡Eh! ¡mis libros!", todos reímos. Pasa un señor y dice "Para deleite de los cartoneros". El chico y yo nos reímos, pero no. No va a ser. "Si querés llevártelos, te ayudo", me dice. Todos, no. No tengo espacio, tengo que escribir cuatro monografías y un proyecto de adscripción, tengo tanto para leer, tengo que hacer lugar.
Pero algunos.
Y vamos eligiendo. Él no quiere llevarse más que uno, como recuerdo del momento. Le recomiendo Othelo. La gran mayoría son de la Colección Austral, de Espasa Calpe. Clásicos y clásicos.
Aparece otro, un señor. Trabaja a la vuelta, dice.
"¿Son libros abandonados?". Abandonados, dice. Me conmueve porque, de pronto, comprendo lo que estamos haciendo: los estamos rescatando.
Sí, señor, libros prolijamente abandonados, casi como pidiendo seguir siendo lo que son. Llevémoslos antes de que llueva, o de que se conviertan en papel picado.
Y cada uno se arma su petit biblioteca. Y nos decimos los nombres. Y nos vamos.

29 enero 2015

La luna vino grande
Llena de grillos
Uno verde y fisgón
Otro gris patudo
Otros negros nadadores
Nocturnos zanjadores

Fueron los verdes del cerro
Los rayos los truenos
La lluvia y el miedo
La mañana de pájaros
A puro cantar

Aire que entra y se queda
Luna tiernita
A puro brillar

Aire verde montaña
Piedritas de enero
Tibieza de sol

Vino bajito bajando
Fueron los truenos
Los grillos los miedos
Cantando vino
Pajarito de enero
Se quedó a nadar

La luna vino grande
Se llenó de brillos
La luna de grillos
Nocturna loba
Aullando sola su sombra
A puro lunar

26 diciembre 2014

sobre patos que se ahogan y peces globo que vuelan hacia el ventilador

Ahora hay un silencio espeso, de burbuja bajo el agua, de calma antes del vendaval. Las imágenes vienen y se ordenan en esta ventana que enmarca mis exorcismos.
El mar está en una habitación. Mi pato gris se mece alegremente sobre una ola.
Algún asunto me saca del agua. Una ensalada con perejil azul indica que algo puede estar mal.
Parece que una horrible tempestad revolvió todo el mar de la pieza, que mi pato se ahogó. En una esquina, un horrible cadáver de pato con el cuello en forma de S. Pero es color verdoso, no puede ser mi pato gris. A excepción de que los patos ahogados se pongan verdes, y yo grito y no quiero ver.
Como el otro día, ese pez globo flotando en un pequeño cuenco. Devolvelo al cuenco, le decía yo a J. El globo-pez flotaba a cinco centímetros del cuenco, y sin la gravedad del agua el riesgo era enorme. Devolvelo al cuenco, le dije, y el pez, como si mis palabras hubieran sido un conjuro, flotó hacia arriba, hacia el ventilador encendido, y explotó, y yo grité y cerré los ojos.

23 diciembre 2014

llanto de gato

El verano empezó con aire fresco. La ventana estaba abierta y a través de las líneas de noche que se entreveraban con la persiana ese aire se había adueñado de la habitación. No fue por eso que se levantó a cerrar. Fue por el gato. Un gato maullaba cerca; la despertó cuando estaba, como se dice, entrando en la narcosis del sueño. Se levantó y cerró la ventana, esta vez sin asomarse a mirar de dónde venía el sonido; cerró con la tristeza de otras noches pero, esta vez, sin voluntad heroica.
Se estaba por duchar. Sin saber por qué, salió a la terraza, desnuda, quizás con una breve toalla que alcanzaba a cubrir solamente la mitad de sus vergüenzas. Se acercó a la medianera, siguiendo un sordo presentimiento. El gato, blanco y sucio, y también flaco y enfermo, la miraba con terror desde arriba. Tenía un collar en el que algo relucía, pobrísimo, con el sol nublado de la madrugada. Podían verla desde los balcones, pero el gato lloraba en la medianera y soltó la toalla. Lo llamó, intentando que no percibiera la urgencia en su voz. El gato hizo un ademán, como acercándose. Ella, en un relampaguear de la conciencia, entendió que su casa no tenía terraza, ni medianera. El gato se evaporó al contacto de su mano, y la toalla que había soltado se le enroscó en los pies con suavidad aterciopelada, en el confín de la cama. La oreja pegada a la almohada seguía escuchando la letanía del llanto de gato, más allá de la ventana cerrada.

16 diciembre 2014

los ALARIDOS que esos pobres camiones de la basura nos prodigan cada medianoche, ese JADEO DE PERRO ENFERMO, y el horrendo ESTRÉPITO con el que se detienen a veces de golpe y uno no sabe si llamar a una ambulancia hasta que uno de los muchachos pega el grito y AY otra vez el jadeo, el traquetrac, el FUUUUUUUUUUUUU que se aleja y sabemos que está entero, que sigue su camino terrible por la noche, despertando abuelas y muriéndose un poco