26 diciembre 2014

sobre patos que se ahogan y peces globo que vuelan hacia el ventilador

Ahora hay un silencio espeso, de burbuja bajo el agua, de calma antes del vendaval. Las imágenes vienen y se ordenan en esta ventana que enmarca mis exorcismos.
El mar está en una habitación. Mi pato gris se mece alegremente sobre una ola.
Algún asunto me saca del agua. Una ensalada con perejil azul indica que algo puede estar mal.
Parece que una horrible tempestad revolvió todo el mar de la pieza, que mi pato se ahogó. En una esquina, un horrible cadáver de pato con el cuello en forma de S. Pero es color verdoso, no puede ser mi pato gris. A excepción de que los patos ahogados se pongan verdes, y yo grito y no quiero ver.
Como el otro día, ese pez globo flotando en un pequeño cuenco. Devolvelo al cuenco, le decía yo a J. El globo-pez flotaba a cinco centímetros del cuenco, y sin la gravedad del agua el riesgo era enorme. Devolvelo al cuenco, le dije, y el pez, como si mis palabras hubieran sido un conjuro, flotó hacia arriba, hacia el ventilador encendido, y explotó, y yo grité y cerré los ojos.

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