la playa era un rollo de cartulina que hacía fuerza para desenroscarse, de la arena a la orilla, de la orilla a la rompiente, un tubo de papel cartón queriendo ser un plano, o a veces un plano queriendo enrollarse; así era la playa y la recorría con espanto de quedar atrapada en esa vuelta de espiral porque, ayer lo comprendí, la vida es una herida absurda, y cómo el tango nunca se equivoca, contame tu condena decime tu fracaso, no ves la pena que me ha herido; ahí, en la cinta de arena, el temblor de la forma que quiere volver a ser, el capricho de la inercia, y en el horizonte -no el del cielo, esta vez; el de la certeza- una tormenta lista para consumir, donde el barro se subleva; ya sé no me digás tenés razón, la amenaza estaba quieta como una fiera con el labio arremangado, era cuestión de huir pero el rollo apretaba los pies y allá lejos no se adivinaba nada, y es todo todo tan fugaz, como dice Cátulo, y tiene razón.
09 mayo 2015
06 mayo 2015
seis de mayo
Yo qué quería.
Quería un amor para toda la vida.
Creí que lo había encontrado.
Mi amigo del colegio, mi compañero de banco, el pibe que se sentaba conmigo en la escalera a hablar de cuentos o de cualquier cosa aunque mi novio era otro. El pibe que me hacía reír, que se reía de mis chistes. El pibe que un día miré distinto, que me miró y me abrazó y me abrió un mundo nuevo. El pibe con el que, de viaje, siempre encontrábamos cosas para divertirnos barato. Mi cómplice, mi amante. El pibe con el que me fui de casa, con el que armé un hogar. El pibe que me propuso matrimonio, que se transformó en la familia elegida, en el colchón calentito y amoroso al que volver después de un día de furia o de logros. El pibe con el que nos subimos a un avión y conocimos los lugares más maravillosos de la vida, pero que eran más maravillosos porque estábamos juntos. El pibe con el que soñé este hijo que ahora crece en mi panza, que lo soñamos juntos, de mil maneras.
Ese pibe. Ahora no quiere más. El amor se le fue de adentro como un líquido.
Y yo, que estoy llena de él en cada rincón mío, me siento de pronto como una caracola seca.
No hay más hogar. No hay más familia. No hay lo que yo pensé que era irrompible: el amor.
Hoja seca que me quiero caer del árbol. En este otoño. El más triste del mundo.
Quería un amor para toda la vida.
Creí que lo había encontrado.
Mi amigo del colegio, mi compañero de banco, el pibe que se sentaba conmigo en la escalera a hablar de cuentos o de cualquier cosa aunque mi novio era otro. El pibe que me hacía reír, que se reía de mis chistes. El pibe que un día miré distinto, que me miró y me abrazó y me abrió un mundo nuevo. El pibe con el que, de viaje, siempre encontrábamos cosas para divertirnos barato. Mi cómplice, mi amante. El pibe con el que me fui de casa, con el que armé un hogar. El pibe que me propuso matrimonio, que se transformó en la familia elegida, en el colchón calentito y amoroso al que volver después de un día de furia o de logros. El pibe con el que nos subimos a un avión y conocimos los lugares más maravillosos de la vida, pero que eran más maravillosos porque estábamos juntos. El pibe con el que soñé este hijo que ahora crece en mi panza, que lo soñamos juntos, de mil maneras.
Ese pibe. Ahora no quiere más. El amor se le fue de adentro como un líquido.
Y yo, que estoy llena de él en cada rincón mío, me siento de pronto como una caracola seca.
No hay más hogar. No hay más familia. No hay lo que yo pensé que era irrompible: el amor.
Hoja seca que me quiero caer del árbol. En este otoño. El más triste del mundo.
02 mayo 2015
tríptico
en los sueños los bebés
son lagartijas o extrañas
rejillas peludas que
lloran al verme y
se cagan sobre mis piernas
en los sueños los amantes
son psicópatas o egoístas
perversos que dejan
la cama vacía y
acaban sobre sus piernas
en los sueños el amor
es abajo de las sábanas de
la casa de alguien más
en un tiempo que no es este
en un cuerpo que no es mío
son lagartijas o extrañas
rejillas peludas que
lloran al verme y
se cagan sobre mis piernas
en los sueños los amantes
son psicópatas o egoístas
perversos que dejan
la cama vacía y
acaban sobre sus piernas
en los sueños el amor
es abajo de las sábanas de
la casa de alguien más
en un tiempo que no es este
en un cuerpo que no es mío
29 abril 2015
25 abril 2015
pececito
crecés, pececito.
eso lo sé porque casi no como, pero la panza se agranda.
te movés.
creo sentirlo, a veces.
sos como una cosquilla, como un empujoncito amoroso hacia adelante.
y yo que parece que me caigo, pero el empujoncito me sostiene.
¿sos feliz, pececito?
¿te gusta nadar?
te prometo llevarte siempre a nadar, cuando salgas.
te prometo palitos de queso, si es que llegan a gustarte tanto como a mí.
te prometo un puré de calabaza que me sale rico.
te prometo besos y abrazos, y cuentos y canciones.
te prometo un mundo, pececito.
uno que te guste, que puedas elegir, dentro del que toca.
eso lo sé porque casi no como, pero la panza se agranda.
te movés.
creo sentirlo, a veces.
sos como una cosquilla, como un empujoncito amoroso hacia adelante.
y yo que parece que me caigo, pero el empujoncito me sostiene.
¿sos feliz, pececito?
¿te gusta nadar?
te prometo llevarte siempre a nadar, cuando salgas.
te prometo palitos de queso, si es que llegan a gustarte tanto como a mí.
te prometo un puré de calabaza que me sale rico.
te prometo besos y abrazos, y cuentos y canciones.
te prometo un mundo, pececito.
uno que te guste, que puedas elegir, dentro del que toca.
22 abril 2015
sueño del ciego
La imagen es difusa.
Era una fiesta de casamiento, en un salón lleno de globos y manteles. La luz escaseaba, como suele ser en esos salones, en esos eventos.
El ciego estaba sentado en mi misma mesa y yo le mostraba unas fotos que había sacado.
Con su dedo pulgar en forma de martillo, recorría la superficie de las fotos, y me pedía que les sacara el acetato para sentir mejor. Me impresionaba su dedo deforme, pero había algo erótico en el modo en que ese hombre veía, con las manos, mis fotos. Lo erótico estaba, justamente, en ese otro modo de ver.
Era una fiesta de casamiento, en un salón lleno de globos y manteles. La luz escaseaba, como suele ser en esos salones, en esos eventos.
El ciego estaba sentado en mi misma mesa y yo le mostraba unas fotos que había sacado.
Con su dedo pulgar en forma de martillo, recorría la superficie de las fotos, y me pedía que les sacara el acetato para sentir mejor. Me impresionaba su dedo deforme, pero había algo erótico en el modo en que ese hombre veía, con las manos, mis fotos. Lo erótico estaba, justamente, en ese otro modo de ver.
The thin ice
Momma loves her baby
And Daddy loves you too
And the sea may look warm to you Babe
And the sky may look blue
Ooooh Babe
Ooooh Baby Blue
Ooooh Babe
If you should go skating
On the thin ice of modern life
Dragging behind you the silent reproach
Of a million tear stained eyes
Don't be surprised, when a crack in the ice
Appears under your feet
You slip out of your depth and out of your mind
With your fear flowing out behind you
As you claw the thin ice
15 abril 2015
Adopción
Los miércoles no trabajo entonces voy al super.
Voy al super, y, de ida, reparo en una prolija pila de tres cajas, todas atadas con impecable piolín pizzero, en la esquina de Bulnes y Lavalle, junto a un auto estacionado.
Voy al super, y, de ida, reparo en una prolija pila de tres cajas, todas atadas con impecable piolín pizzero, en la esquina de Bulnes y Lavalle, junto a un auto estacionado.
Vuelvo del super, y reparo nuevamente en las cajas, que siguen ahí, prolijamente estibadas como si alguien las estuviera por trasladar en uno de esos carritos con dos ruedas y manijas. Pero no, porque ahí estaban hace 40 minutos y ahí siguen ahora, sin nadie que las custodie ni de cerca ni de lejos.
Me acerco y miro por la hendija tras el piolín (alguien, parece, ya se vio tentado, como yo, por ver qué había adentro, y rasgó el cartón de la tapa).
LIBROS. Son libros.
Un pibe pone la llave en la puerta de ph que está justo en frente de las cajas; me mira con curiosidad, yo le devuelvo la mirada y le pregunto si son suyos.
No son suyos, y entre los dos empezamos a abrir la primera caja, como si de un regalo navideño se tratara. Revisamos, revolvemos, comentamos. Pasan dos laburantes y nos hacen una broma, "¡Eh! ¡mis libros!", todos reímos. Pasa un señor y dice "Para deleite de los cartoneros". El chico y yo nos reímos, pero no. No va a ser. "Si querés llevártelos, te ayudo", me dice. Todos, no. No tengo espacio, tengo que escribir cuatro monografías y un proyecto de adscripción, tengo tanto para leer, tengo que hacer lugar.
Pero algunos.
Y vamos eligiendo. Él no quiere llevarse más que uno, como recuerdo del momento. Le recomiendo Othelo. La gran mayoría son de la Colección Austral, de Espasa Calpe. Clásicos y clásicos.
Aparece otro, un señor. Trabaja a la vuelta, dice.
"¿Son libros abandonados?". Abandonados, dice. Me conmueve porque, de pronto, comprendo lo que estamos haciendo: los estamos rescatando.
Sí, señor, libros prolijamente abandonados, casi como pidiendo seguir siendo lo que son. Llevémoslos antes de que llueva, o de que se conviertan en papel picado.
Y cada uno se arma su petit biblioteca. Y nos decimos los nombres. Y nos vamos.
Me acerco y miro por la hendija tras el piolín (alguien, parece, ya se vio tentado, como yo, por ver qué había adentro, y rasgó el cartón de la tapa).
LIBROS. Son libros.
Un pibe pone la llave en la puerta de ph que está justo en frente de las cajas; me mira con curiosidad, yo le devuelvo la mirada y le pregunto si son suyos.
No son suyos, y entre los dos empezamos a abrir la primera caja, como si de un regalo navideño se tratara. Revisamos, revolvemos, comentamos. Pasan dos laburantes y nos hacen una broma, "¡Eh! ¡mis libros!", todos reímos. Pasa un señor y dice "Para deleite de los cartoneros". El chico y yo nos reímos, pero no. No va a ser. "Si querés llevártelos, te ayudo", me dice. Todos, no. No tengo espacio, tengo que escribir cuatro monografías y un proyecto de adscripción, tengo tanto para leer, tengo que hacer lugar.
Pero algunos.
Y vamos eligiendo. Él no quiere llevarse más que uno, como recuerdo del momento. Le recomiendo Othelo. La gran mayoría son de la Colección Austral, de Espasa Calpe. Clásicos y clásicos.
Aparece otro, un señor. Trabaja a la vuelta, dice.
"¿Son libros abandonados?". Abandonados, dice. Me conmueve porque, de pronto, comprendo lo que estamos haciendo: los estamos rescatando.
Sí, señor, libros prolijamente abandonados, casi como pidiendo seguir siendo lo que son. Llevémoslos antes de que llueva, o de que se conviertan en papel picado.
Y cada uno se arma su petit biblioteca. Y nos decimos los nombres. Y nos vamos.
29 enero 2015
La luna vino grande
Llena de grillos
Uno verde y fisgón
Otro gris patudo
Otros negros nadadores
Nocturnos zanjadores
Fueron los verdes del cerro
Los rayos los truenos
La lluvia y el miedo
La mañana de pájaros
A puro cantar
Aire que entra y se queda
Luna tiernita
A puro brillar
Aire verde montaña
Piedritas de enero
Tibieza de sol
Vino bajito bajando
Fueron los truenos
Los grillos los miedos
Cantando vino
Pajarito de enero
Se quedó a nadar
La luna vino grande
Se llenó de brillos
La luna de grillos
Nocturna loba
Aullando sola su sombra
A puro lunar
Llena de grillos
Uno verde y fisgón
Otro gris patudo
Otros negros nadadores
Nocturnos zanjadores
Fueron los verdes del cerro
Los rayos los truenos
La lluvia y el miedo
La mañana de pájaros
A puro cantar
Aire que entra y se queda
Luna tiernita
A puro brillar
Aire verde montaña
Piedritas de enero
Tibieza de sol
Vino bajito bajando
Fueron los truenos
Los grillos los miedos
Cantando vino
Pajarito de enero
Se quedó a nadar
La luna vino grande
Se llenó de brillos
La luna de grillos
Nocturna loba
Aullando sola su sombra
A puro lunar
26 diciembre 2014
sobre patos que se ahogan y peces globo que vuelan hacia el ventilador
Ahora hay un silencio espeso, de burbuja bajo el agua, de calma antes del vendaval. Las imágenes vienen y se ordenan en esta ventana que enmarca mis exorcismos.
El mar está en una habitación. Mi pato gris se mece alegremente sobre una ola.
Algún asunto me saca del agua. Una ensalada con perejil azul indica que algo puede estar mal.
Parece que una horrible tempestad revolvió todo el mar de la pieza, que mi pato se ahogó. En una esquina, un horrible cadáver de pato con el cuello en forma de S. Pero es color verdoso, no puede ser mi pato gris. A excepción de que los patos ahogados se pongan verdes, y yo grito y no quiero ver.
Como el otro día, ese pez globo flotando en un pequeño cuenco. Devolvelo al cuenco, le decía yo a J. El globo-pez flotaba a cinco centímetros del cuenco, y sin la gravedad del agua el riesgo era enorme. Devolvelo al cuenco, le dije, y el pez, como si mis palabras hubieran sido un conjuro, flotó hacia arriba, hacia el ventilador encendido, y explotó, y yo grité y cerré los ojos.
El mar está en una habitación. Mi pato gris se mece alegremente sobre una ola.
Algún asunto me saca del agua. Una ensalada con perejil azul indica que algo puede estar mal.
Parece que una horrible tempestad revolvió todo el mar de la pieza, que mi pato se ahogó. En una esquina, un horrible cadáver de pato con el cuello en forma de S. Pero es color verdoso, no puede ser mi pato gris. A excepción de que los patos ahogados se pongan verdes, y yo grito y no quiero ver.
Como el otro día, ese pez globo flotando en un pequeño cuenco. Devolvelo al cuenco, le decía yo a J. El globo-pez flotaba a cinco centímetros del cuenco, y sin la gravedad del agua el riesgo era enorme. Devolvelo al cuenco, le dije, y el pez, como si mis palabras hubieran sido un conjuro, flotó hacia arriba, hacia el ventilador encendido, y explotó, y yo grité y cerré los ojos.
23 diciembre 2014
llanto de gato
El verano empezó con aire fresco. La ventana estaba abierta y a través de las líneas de noche que se entreveraban con la persiana ese aire se había adueñado de la habitación. No fue por eso que se levantó a cerrar. Fue por el gato. Un gato maullaba cerca; la despertó cuando estaba, como se dice, entrando en la narcosis del sueño. Se levantó y cerró la ventana, esta vez sin asomarse a mirar de dónde venía el sonido; cerró con la tristeza de otras noches pero, esta vez, sin voluntad heroica.
Se estaba por duchar. Sin saber por qué, salió a la terraza, desnuda, quizás con una breve toalla que alcanzaba a cubrir solamente la mitad de sus vergüenzas. Se acercó a la medianera, siguiendo un sordo presentimiento. El gato, blanco y sucio, y también flaco y enfermo, la miraba con terror desde arriba. Tenía un collar en el que algo relucía, pobrísimo, con el sol nublado de la madrugada. Podían verla desde los balcones, pero el gato lloraba en la medianera y soltó la toalla. Lo llamó, intentando que no percibiera la urgencia en su voz. El gato hizo un ademán, como acercándose. Ella, en un relampaguear de la conciencia, entendió que su casa no tenía terraza, ni medianera. El gato se evaporó al contacto de su mano, y la toalla que había soltado se le enroscó en los pies con suavidad aterciopelada, en el confín de la cama. La oreja pegada a la almohada seguía escuchando la letanía del llanto de gato, más allá de la ventana cerrada.
Se estaba por duchar. Sin saber por qué, salió a la terraza, desnuda, quizás con una breve toalla que alcanzaba a cubrir solamente la mitad de sus vergüenzas. Se acercó a la medianera, siguiendo un sordo presentimiento. El gato, blanco y sucio, y también flaco y enfermo, la miraba con terror desde arriba. Tenía un collar en el que algo relucía, pobrísimo, con el sol nublado de la madrugada. Podían verla desde los balcones, pero el gato lloraba en la medianera y soltó la toalla. Lo llamó, intentando que no percibiera la urgencia en su voz. El gato hizo un ademán, como acercándose. Ella, en un relampaguear de la conciencia, entendió que su casa no tenía terraza, ni medianera. El gato se evaporó al contacto de su mano, y la toalla que había soltado se le enroscó en los pies con suavidad aterciopelada, en el confín de la cama. La oreja pegada a la almohada seguía escuchando la letanía del llanto de gato, más allá de la ventana cerrada.
16 diciembre 2014
los ALARIDOS que esos pobres camiones de la basura nos prodigan cada medianoche, ese JADEO DE PERRO ENFERMO, y el horrendo ESTRÉPITO con el que se detienen a veces de golpe y uno no sabe si llamar a una ambulancia hasta que uno de los muchachos pega el grito y AY otra vez el jadeo, el traquetrac, el FUUUUUUUUUUUUU que se aleja y sabemos que está entero, que sigue su camino terrible por la noche, despertando abuelas y muriéndose un poco
24 noviembre 2014
Fixing a hole
Ahora que pasaron casi diez años empiezo a pensar que no hace falta seguir sosteniendo el recuerdo cariñoso sólo porque es parte de mí, de mi historia, etc. No hace falta idealizar el pasado, hacer de cuenta que fuiste un gran amor.
No fuiste algo bueno en mi vida. Fuiste nocivo. Me aislaste de todo, me convenciste de que mi mundo eras vos. Me llenaste de inseguridad. Fuiste un perro guardián, un psicopateador; distante en la intimidad pero muy territorialmente cariñoso en público. Me hiciste creer muchas cosas sobre mí, sobre vos, sobre la vida. Casi, casi me hacés creer que vos me dejaste de amar, y no al revés. Cuánto miedo te tuve, sin saberlo. Miedo de que me dejaras, de que te enojaras conmigo, de que no quisieras volver a hablarme, de que te alejaras dando un portazo; miedo de que nunca nadie me volviera a elegir, miedo de que fueras demasiado para mí, miedo de no estar haciendo las cosas bien, miedo de lo que pensaba, miedo de lo que sentía, miedo de que no me entendieras -y no me entendías-. Finalmente tuve miedo de no poder olvidarte, de que me dolieras toda la vida.
Nunca me enojé con vos. Nunca te culpé por nada. Me pasé algunos cuantos años echándome la culpa por haberte dejado, primero, por haberte lastimado, después; por haber terminado mal, yo y mi torpeza. Me pasé otros cuantos años perdonándome, reconciliándome conmigo, con la vida, con el pasado y con el dolor. Pero nunca, nunca, hasta ahora, me había enojado con vos. Y bueno, no; no es un enojo real. Porque vos ya no existís, no realmente. Pero mientras te ponías tu pasamontañas, dándome intencionalmente la espalda, mientras, en la soledad de esa vereda, lo único que no podías hacer era hacerte cargo de mi presencia; mientras te subías a la bicicleta y arrancabas, yo, que estaba por hablar, me callé. Porque entonces, recién entonces, entendí que esa manera tuya de lastimar no es de ahora (de ahora que ya no existimos el uno para el otro). Vos siempre fuiste eso.
No fuiste algo bueno en mi vida. Fuiste nocivo. Me aislaste de todo, me convenciste de que mi mundo eras vos. Me llenaste de inseguridad. Fuiste un perro guardián, un psicopateador; distante en la intimidad pero muy territorialmente cariñoso en público. Me hiciste creer muchas cosas sobre mí, sobre vos, sobre la vida. Casi, casi me hacés creer que vos me dejaste de amar, y no al revés. Cuánto miedo te tuve, sin saberlo. Miedo de que me dejaras, de que te enojaras conmigo, de que no quisieras volver a hablarme, de que te alejaras dando un portazo; miedo de que nunca nadie me volviera a elegir, miedo de que fueras demasiado para mí, miedo de no estar haciendo las cosas bien, miedo de lo que pensaba, miedo de lo que sentía, miedo de que no me entendieras -y no me entendías-. Finalmente tuve miedo de no poder olvidarte, de que me dolieras toda la vida.
Nunca me enojé con vos. Nunca te culpé por nada. Me pasé algunos cuantos años echándome la culpa por haberte dejado, primero, por haberte lastimado, después; por haber terminado mal, yo y mi torpeza. Me pasé otros cuantos años perdonándome, reconciliándome conmigo, con la vida, con el pasado y con el dolor. Pero nunca, nunca, hasta ahora, me había enojado con vos. Y bueno, no; no es un enojo real. Porque vos ya no existís, no realmente. Pero mientras te ponías tu pasamontañas, dándome intencionalmente la espalda, mientras, en la soledad de esa vereda, lo único que no podías hacer era hacerte cargo de mi presencia; mientras te subías a la bicicleta y arrancabas, yo, que estaba por hablar, me callé. Porque entonces, recién entonces, entendí que esa manera tuya de lastimar no es de ahora (de ahora que ya no existimos el uno para el otro). Vos siempre fuiste eso.
20 noviembre 2014
R
Ya falta poco.
Es una pelota redonda, por ahora, que viene adosada a mi hermanamiga. Es una pelota grandota ya, que da pequeños saltitos cuando le apoyamos las manos encima.
Cada tanto la pienso, todavía medio en abstracto. Pero de pronto me doy cuenta de se va a parecer, tal vez un poco, a mi hermanamiga. Que la voy a ver crecer, la voy a tener a upa, le voy a poder contar cuentos. Que mi hermanamiga va a ser su mamá, le va a dar la teta mientras charlamos de nuestras cosas. Que va a ser mayor que los que vengan después y les va a enseñar cosas. Que va a ser su amiga, su hermanamiga.
Es una pelota redonda, por ahora, que viene adosada a mi hermanamiga. Es una pelota grandota ya, que da pequeños saltitos cuando le apoyamos las manos encima.
Cada tanto la pienso, todavía medio en abstracto. Pero de pronto me doy cuenta de se va a parecer, tal vez un poco, a mi hermanamiga. Que la voy a ver crecer, la voy a tener a upa, le voy a poder contar cuentos. Que mi hermanamiga va a ser su mamá, le va a dar la teta mientras charlamos de nuestras cosas. Que va a ser mayor que los que vengan después y les va a enseñar cosas. Que va a ser su amiga, su hermanamiga.
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