03 agosto 2005

-3-

Mientras me siento sobre pasto, un latido pequeñito empiezo a sentir en la ceja. Movimiento involuntario si los hay.
Sé que es una de ellas; ya están en la cabeza.
Y cuando me acuesto a dormir en estas noches húmedas se me da por preguntarme si ellas tendrán cabeza, o algún órgano que les permita coordinar el resto de sus cuerpecitos. Cuanto más las pienso más se remueven adentro. Deben darse cuenta.
Todavía no sé cómo es que sé que son Ellas y no Ellos. Lo supe desde un principio, pero lo supe sin preguntármelo. Como la mayor parte de las cosas que sé.
También sé que es mejor no hacer demasiadas preguntas. Ellas son silenciosas; yo también.

1 comentario:

Polonia dijo...

tercer cuadro de esta serie que he dado en llamar: la invasión de lo indecible (gracias fer por la sugerencia)