Creo que son tres.
O cuatro.
Definitivamente son más de dos, pero sin llegar a ser una pequeña multitud.
Menos de cinco; o quizás justamente cinco.
Las oigo silbar como pequeños trenes al desplazarse. Siento su andar pegajoso y monótono, su paso acordeónico, triste.
Se arrastran como si fueran pequeñas porciones de órganos que se hubiesen desprendido. Pero no, no son de aquí.
Se trasladan sin prisa. Dudo que estén buscando.
Habitan lentamente cada recodo por el que pasan.
Es un tedio.
5 comentarios:
muy buena esta invasión de lo indecible, sol! prometeme destruir todo lo que no pueda nombrarse
fers
es que no se si es posible destruir lo que no se puede nombrar. estamos cercados por las palabras, mierda.
Vos también las escuchas?
Yo solo te advierto, no le hagas caso a esa que te dice que quemes hoteles, porque, oh no, es una vida dificil de engaños y ocultamientos la que te espera despues de hacerlo. Si lo sabré.
Y eso es bueno o malo?
lo de los hoteles me parece que es malo. malo para la piel.
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