12 agosto 2005

sobre Corina (2)

Una vez, en quinto grado, la llevaron con el colegio a una excursión por diferentes puntos históricos de la ciudad. Fue la primera y última vez que Corina entró en una iglesia. Mamá y papá creían en dios, pero rezaban en casa. No les gustaba concurrir a las iglesias ni a ningún otro recinto compartido con mucha gente. Por eso Corina nunca había visto una iglesia por adentro. Y al entrar aquella vez le produjeron tal impresión las imágenes de los santos, que le bajó la presión y se hizo pis encima. Como, a pesar de no ser católica, era muy mística, tomó aquel episodio como una clara señal de anti-devoción: los santos la habían humillado.
Sin poder encontrar otra forma de canalizar su misticismo, Corina comenzó, en la adolescencia, a consultar febrilmente los horóscopos de las revistas femeninas y de los diarios. Y a obedecerlos religiosamente.
Al terminar el colegio secundario, con francamente muy pocas anécdotas divertidas y ninguna amistad, Corina se puso a trabajar, un poco para ayudar a los padres, y otro poco para juntar unos pesos y hacer el tan soñado viaje en tren a Mar del Plata.
La universidad es otro gran sueño, pero Corina aún no puede definir en palabras qué carrera le gustaría estudiar. En realidad no lo sabe.
Ah!...Pero le gustaría tanto ser universitaria.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

pintorescos y sutiles escritos para estos momentos tàn cebecèscos...

Polonia dijo...

je.