24 abril 2007

algo inconcluso

Tengo una anécdota con vos.
Estábamos en un sueño, no sé si te acordarás. Yo tampoco me acuerdo bien quién de los dos soñaba.
Era un restaurante en la vereda, con lucecitas amarillas o naranjas, como fotografía de un carnaval lánguido. Y venía un trencito por los costados de las mesas. (El trencito debe ser la causa -el cauce, más bien- por el que se van uniendo los sueños)
Vos y yo cenábamos. Nos conocíamos bien. Alguien se atoraba en otra mesa. Algo con un hueso de pollo, no sé si te acordarás.
Después estábamos en el trencito, pero era otro sueño. Ibamos en viaje. Teníamos carteras grandes con lana. Pero era verano y la lana se derretía.
La siguiente parte era en la fila de un teatro color bordó. Había una fila larga y dos señores adelante de todo. Estábamos en duda. El título de la obra nos supo a aburrimiento, así que abrimos una puerta y vinimos a mi casa, que yo la iba diseñando mientras la recorríamos. Tenía kiosco y jacuzzi. Tenía una ventana redonda que daba directamente al pasto.
Y ahí era la parte del beso.

09 abril 2007

Diccionario 4... era el 4 nomás, y yo que me quería hacer la prolífica

fundar: poner fundas.

artimaña: se las rebusca artísticamente.

papilla: apócope de papa rejilla.

repentina: doncella originaria de las tierras de Repente.

filamento: dícese de la capacidad de corte de ciertos cuchillos.

subterfugio: refugio subterráneo.

empollar: hacer o procurarse pollos.

fidedignos: dignos de un plato de fideos.

catastros: aquellas catástrofes durante las cuales nadie se ampara en la fe.

esperanto: lo que se espera con espanto.

11 marzo 2007

Cuentito 5

Lo importante es que el señor Guari no quería saber nada con pensar.

Aparte le molestaba soberanamente que las recepcionistas, secretarias, empleadas públicas, ú otras, le preguntaran todo el tiempo que cómo se escribía su apellido, que si se los podía deletrear; y todo con esa típica voz gangosa de señorita que masca chicle. Indignante le parecía que estas señoritas tuviesen tan poca voluntad en el acto de escuchar. GUARI, como suena; espetaba con poco de buenos modales y mucho de sarcasmo.

Es que, a decir verdad, nadie quería saber nada con pensar. Y era esto, precisamente, lo que irritaba al señor Guari, y lo empecinaba más en su empecinamiento de no pensar bajo ninguna circunstancia. Nadie debería hacer el trabajo de nadie, sospechaba el señor Guari; y su sospecha era fortísima.

Pero claro, era una sospecha conjugada en condicional, lo cual, se sabe, quiere decir que lo que ocurre en la realidad es exactamente lo contrario: todo el mundo espera que otra persona lo dispense de hacer la tarea que le corresponde.

Y así funcionan las cosas en el despacho del señor Aljibe, frente al cual está ahora el señor Guari - su empleado-, inerte y bufando. El señor Aljibe piensa que Guari está concentrado en sacar la cuenta que él acaba de pedirle (Guari, saque setenticuatro con ochenta y siete menos quince sesentaydos)

Pero nada que ver. El señor Guari no quiere saber nada con pensar, así que está solamente bufando.

Al rato es la hora del almuerzo y el señor Guari recibe su pizza con jamón y morrones: resulta que está sin cortar. El señor Guari enfurece, blasfema, rebuzna. Y no hay cuchillos en el despacho, por razones de “seguridad”!

Y en esto sí que estamos todos de acuerdo: no hay peor cosa que carecer de una estúpida, fundamental e irremplazable herramienta. (Como aquella vez en que el señor Guari fuese de acampante con un cargamento de comida enlatada, y sin el cochino abrelatas)

Eran las dos y diez de la tarde, y el señor Guari enterró su rostro en la pizza; un poco como rebelándose, otro poco como comiendo.

La cara se le iba poniendo aceitosa, casi transparente, y desgraciadamente ocurrió que una aceituna intrépida se le deslizó ilegalmente por la nariz, atorándolo todo.

Ahí está el señor Guari, ahogándose; pasando rápidamente del castaño claro al castaño oscuro, y después directamente al violeta.

La señorita Pirul, recepcionista del despacho, ve la escena desde su mostradorcito y piensa, en primer lugar, lo bonito que luce el color violeta con la corbata roja de Guari. En segundo lugar, le dice al señor Maraschino –cliente- que por favor busque ayuda.

El señor Marraschino corre al ascensor, pero está descompuesto. No, no el ascensor, el señor Marraschino. Y se mete al baño de sumo apuro.

Oh, qué terribles pasan los segundos en cámara lenta para el señor Guari.

¡GUARI! ¡GUARI!

Oye apenas que lo llaman.

Pero ya tiene un pie fuera de sí, y su propio nombre le suena desalentadoramente irreal y estúpido.

24 enero 2007

Cuentito 4

La cosa es que usted está chiflado, le dijeron al señor Martino cuando fue a sacar el registro. Y se lo dieron igual, cosa que a él propiamente no lo dejó perplejo, porque, claro, la afirmación era cierta.

Ahí se fue el señor Martino a dar comienzo a su vida de conductor, y lo primero que pensó fue Necesito un automóvil, sin embargo lo que dijo en voz alta fue Quién quiere oler este eruto, a lo cual el resto del pasaje del ómnibus se echó afuera por las ventanas –las cuales por desgracia y por invierno estaban cerradas. Ay-

El señor Martino se sintió un poco culpable, y, al ver que el conductor perdía el conocimiento sin esperanza de encontrarlo, tomó las riendas del volante, puso un pie en el acelerador y otro en la ventanilla, dobló peligrosamente en una recta y heroicamente se estrelló contra un edificio de correos.

Es cierto lo que dicen, fue el final del señor Martino. Pero el despilfarro de cartas y sellos postales por los aires hizo de esta horrible muerte una escena tan inusualmente poética, tan delicadamente bella, tan cinematográficamente pochoclera, que los vecinos del barrio de Villa Pulenta no pudieron más que tomarse el día para barrer la vereda. Y con el correr de los tiempos aquella fecha se hizo feriado, luego fecha patria, más tarde asueto docente, y a lo último era el día del barrendero, pero demasiado tarde porque los barrenderos ya se habían extinguido.

Otra historia con final feliz.

16 enero 2007

-Lo de antes
Dice el comensal.
El mozo, desconcertado.
-Lo de antes de qué?- Pregunta con una irritación que tiene ya nueve pesadas horas de cultivo.
-Oh… claro… usted no había nacido… - Susurra el comensal- Verá… la comida… eso que sirven aquí, ya no tiene el mismo sabor que antes.
-Y?- El mozo.
-Y eso. Que yo quiero lo de antes.
-Lo lamento. Eso no está en la carta.
-Claro que no está en la carta!
Se hace un silencio. El mozo mira de reojo al cajero.
- Oiga!- vocifera el comensal- Yo tengo dinero para pagarle!-
El mozo gira por completo hacia el cajero. El comensal mira al cajero, al tiempo que agita su billetera como un abanico. El cajero llama al mozo.
El comensal queda solo en la mesa. El mozo y el cajero discuten en el mostrador.
El comensal se pone la servilleta al cuello.
El cajero se arrima a la mesa, con excesiva gentileza.
-Buenas noches, Señor. En qué le puedo ayudar?
-Buenas noches, quiero un plato de comida.
-Eso es?- De reojo, al mozo, una mirada relámpago.
-Eso es. Un plato de buena comida.
-Perfectamente, Señor. Este es un excelente restaurante. Sírvase la carta, el mozo le tomará el pedido.
El cajero se vuelve, fastidiado. Hace al mozo un gesto casi imperceptible, compacto, violento, y vuelve a su puesto detrás del mostrador.
El mozo:
-Señor – En voz muy alta – En qué le puedo servir?
-Quiero un buen plato de comida. Eso quiero.
-Bien – Vocifera – Y qué plato de comida le gustaría que le sirva?
- Lo de antes – dice el comensal en un regodeo – Lo de antes.

13 enero 2007

raro

Ya no me siento a escribir para el blog
Me preocupa y no me preocupa, a saber:
me preocupa,
porque pareciera que algo cambió, y eso es en sí mismo vertiginoso de pensar.
Porque durante un tiempo largo el ejercicio de tener el blog fue el ejercicio de la escritura, que tanto me gusta. Y ahora pareciera que estoy en blanco, o que todo se me lee por afuera. Sin tanta poesía, por cierto.
Porque mis blogs amigos me gustan y me dan nostalgia de los tiempos en que todos nos leíamos y nos escribíamos, y ahora me cuesta hasta poner comentarios.
Porque no escribir en el presente hace que, en cierta forma, arbitrariamente, todo lo anterior parezca ir perdiendo el sentido. (Sabor a dejar algo a medio hacer. Por otra parte no sé, en este caso, qué sería hacerlo entero)
Porque tengo miedo de estar convirtiéndome en otra cosa.

No me preocupa porque, al fin y al cabo, es una cosa en la internet.
Ya vendrán tiempos peores.
Y ahí voy a tener que escribir.

05 diciembre 2006

la ciudad de los muertos

Me imagino que antes casi todos los muertos iban a la Chacarita, y que debe ser por eso que se usa como lugar de referencia, donde empiezan, terminan y pasan muchos recorridos de colectivos: porque los vivos tenían que viajar hasta ahí para visitar a los muertos.

La pared parece muralla. Me hace pensar en una ciudad al estilo de las películas épicas. "Bienvenido a nuestra ciudad" dice un cartel imaginario, detrás del cual se alzan las torres de la urbe.
Mas allá, atrás y al costado, está el área sub-urbana, verde, abierta y florida.
Estas dos partes me hacen pensar en dos tipos bien distintos de muertos. En dos tipos distintos de muerte.
La de la urbe es una muerte áspera, oscura, fatal. Infecciones, pestes, suicidios, catástrofes, asesinatos. Los muertos se apilan, se incomodan, miran a través de las ventanitas, levantan rumor. Están inquietos, pierden los dientes y los huesos, tienen los cuencos de los ojos llenos de rencor y miseria.
La muerte del sector verde la asocio más al verdadero descanso eterno, a la luz. Es recibida con calma: la muerte esperada, predecible, bien asignada. Enfermedades de lenta progresión, vejez, coma profundo. Los muertos, cada uno en su parcelita, fundiéndose con la tierra, abrazados a sus huesos. Relajados, de cara al cielo, el pasto les hace cosquillas y ellos son como granjeros.

El barrio de la Chacarita es lúgubre. En general, pienso, tiene la tonalidad exacta de un día nublado. Como si no quisiera ostentarse la plenitud de la vida.
Veo las murallas altas que construyeron los vivos, tan efectivas materialmente, pienso, separando una ciudad de la otra (una ciudad que está, en realidad, dentro de la otra, como el corazón podrido de una manzana) pretendiendo ser infranqueables, dejar bien claro que no se pasa de un lado al otro así nomás.
Pusieron un límite, eso es gracioso, a la muerte: "no puede morir más gente de la que cabe acá, lo siento, ya está lleno, no hay más vacantes..."
No pensaron -o no quisieron pensar- en la propagación de la podredumbre desde el corazón hacia el resto de la manzana.
Pensaron e hicieron las murallas, el límite, la división material de lo que, en esencia, es indivisible.

Y me pasa siempre que paso: mirar, a través del portón de entrada, esa ciudad y sentirla ajena, pensar "allá ellos, acá yo". Será por la muralla esa, digo. O, digo, será por la muralla esta, la que pongo yo, para hacer de cuenta.

01 diciembre 2006

buenos aires

Se va este año como un pañuelo soltado desde la ventana del tren.
Todavía, por un buen rato, se lo ve yéndose, porque siempre se alargan las partidas, y además porque es un pañuelo rojo a lunares blancos.

Pasó el tiempo del viaje de las banderas que cambiaban de color. Me acuerdo, y es como masticar un chicle ya casi sin sabor.
Pasó el tiempo del viaje inicial, de memoria cero, de páginas en blanco y vértigo.
Pasó el tiempo del olvido, y quedó sólo el carozo, como si siempre hubiese sido una aceituna.
Pasó el llanto de no saber para qué lado seguir andando, qué caminito hacer, con qué cara sonreírle al pasado.
Pasó el tiempo de correspondencia equívoca, de ojos ciegos queriendo ver.

Sigo andando, la ventana abierta.
El paisaje pasa a los costados como una marea, haciendo vientito que gusta en la cara y se lleva mi pañuelo rojo a lunares blancos. Saco la cabeza por la ventana y lo veo volar. Casi se estira un poco hacia mi lado con un gesto de "¡adios!", y yo levanto la manito y le tiro un beso, como en esas películas...



"Viajar en tren/ viajar en tren/ es de lo mejor/ es de lo mejor..."

23 noviembre 2006

Me subo a ciertos infiernos de tanto pensar.




Hace calor arriba.
Pasa a través del colador,
imprime pecas en la vereda.

No sé cómo
(cuándo)
decidimos venir a parar aquí,
en vez de seguir andando
con el viento en las orejas.


Hay un pasaje secreto
bajo los tilos, de noche.

Ahí voy. Vamos.

22 noviembre 2006

Me subo a ciertos olores y perfumes como a una bicicleta, y salgo a pasear a través del tiempo.

13 noviembre 2006

Siguen pasando las horas de este día, los días de este tiempo.
Hace tanto clima de verano que empieza a modificar mi estado de ánimo.
Me duele el cuerpo, la cara, el pensar. Me duele pensar, como si apretara muy fuerte los botones del control remoto. Y el pelo. Se me cae el pelo.
Es urgente.
Necesito vivir en un mundo más simple.

06 noviembre 2006

Curiosidad

Chancho va
al casino
y hace saltar la banca.

21 octubre 2006

frase del día:

Ante la duda, siempre sospeche de un insecto.

19 octubre 2006

Qué quería yo?

Quería un amor como hamacas, como el vientito en la cara de estar en las hamacas.

Quería un herbario, pero de besos tuyos.

Quería una tarde de lluvia abrazada y descalza.

Quería algún que otro paseo en bicicleta, alguna caminata nocturna de esas que dan ganas de charlar y de sacarle ventaja al sol.

Quería visitar todas las heladerías de la ciudad y hacer un listado por orden de preferencia.

Quería escribirte cartas y esconderlas por toda tu casa.

25 septiembre 2006

debería haber una manera de doblar y guardar recuerdos como camisas.