Tengo una anécdota con vos.
Estábamos en un sueño, no sé si te acordarás. Yo tampoco me acuerdo bien quién de los dos soñaba.
Era un restaurante en la vereda, con lucecitas amarillas o naranjas, como fotografía de un carnaval lánguido. Y venía un trencito por los costados de las mesas. (El trencito debe ser la causa -el cauce, más bien- por el que se van uniendo los sueños)
Vos y yo cenábamos. Nos conocíamos bien. Alguien se atoraba en otra mesa. Algo con un hueso de pollo, no sé si te acordarás.
Después estábamos en el trencito, pero era otro sueño. Ibamos en viaje. Teníamos carteras grandes con lana. Pero era verano y la lana se derretía.
La siguiente parte era en la fila de un teatro color bordó. Había una fila larga y dos señores adelante de todo. Estábamos en duda. El título de la obra nos supo a aburrimiento, así que abrimos una puerta y vinimos a mi casa, que yo la iba diseñando mientras la recorríamos. Tenía kiosco y jacuzzi. Tenía una ventana redonda que daba directamente al pasto.
Y ahí era la parte del beso.
2 comentarios:
soñar a veces flashea no?
no se no lo recordará aquél, pero sería una pena perderse unos confites en el jacuzzi
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