Me imagino que antes casi todos los muertos iban a la Chacarita, y que debe ser por eso que se usa como lugar de referencia, donde empiezan, terminan y pasan muchos recorridos de colectivos: porque los vivos tenían que viajar hasta ahí para visitar a los muertos.
La pared parece muralla. Me hace pensar en una ciudad al estilo de las películas épicas. "Bienvenido a nuestra ciudad" dice un cartel imaginario, detrás del cual se alzan las torres de la urbe.
Mas allá, atrás y al costado, está el área sub-urbana, verde, abierta y florida.
Estas dos partes me hacen pensar en dos tipos bien distintos de muertos. En dos tipos distintos de muerte.
La de la urbe es una muerte áspera, oscura, fatal. Infecciones, pestes, suicidios, catástrofes, asesinatos. Los muertos se apilan, se incomodan, miran a través de las ventanitas, levantan rumor. Están inquietos, pierden los dientes y los huesos, tienen los cuencos de los ojos llenos de rencor y miseria.
La muerte del sector verde la asocio más al verdadero descanso eterno, a la luz. Es recibida con calma: la muerte esperada, predecible, bien asignada. Enfermedades de lenta progresión, vejez, coma profundo. Los muertos, cada uno en su parcelita, fundiéndose con la tierra, abrazados a sus huesos. Relajados, de cara al cielo, el pasto les hace cosquillas y ellos son como granjeros.
El barrio de la Chacarita es lúgubre. En general, pienso, tiene la tonalidad exacta de un día nublado. Como si no quisiera ostentarse la plenitud de la vida.
Veo las murallas altas que construyeron los vivos, tan efectivas materialmente, pienso, separando una ciudad de la otra (una ciudad que está, en realidad, dentro de la otra, como el corazón podrido de una manzana) pretendiendo ser infranqueables, dejar bien claro que no se pasa de un lado al otro así nomás.
Pusieron un límite, eso es gracioso, a la muerte: "no puede morir más gente de la que cabe acá, lo siento, ya está lleno, no hay más vacantes..."
No pensaron -o no quisieron pensar- en la propagación de la podredumbre desde el corazón hacia el resto de la manzana.
Pensaron e hicieron las murallas, el límite, la división material de lo que, en esencia, es indivisible.
Y me pasa siempre que paso: mirar, a través del portón de entrada, esa ciudad y sentirla ajena, pensar "allá ellos, acá yo". Será por la muralla esa, digo. O, digo, será por la muralla esta, la que pongo yo, para hacer de cuenta.
5 comentarios:
es una de las cosas más lindas q te lei en este tiempo q tengo en el blog.
hermoso, solo eso
=)
muy lindo Cronopio! tantas veces pasé por ahí! esos kioscos de flores y la estación de tren! brrrr! por cierto... he dejado en Volcar un Aldo que va directo a la Chacarita, usted conoce el camino (A Volcar, digo... no vaya a pensar que estoy hablando de atravesar la muralla, jeje)!
muy hermoso, y muy linda la última observación.
Yo, pese a conocer a varios habitantes de esa "ciudad", cada vez que paso siento eso de " ... allá ellos ..." y sigo adelante.
Aunque pienso, siempre me quedo pensando. Creo que le pasa a todos.
Los cementerios siempre me parecieron ese lugar al que la gente va para ser recordada pero, siempre, terminan cayendo en el olvido.
Es triste.
Cordialmente,
Yo.
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