01 junio 2006

aquella solitaria vaca

pasa esto, las ganas.
pasa como un
quiero torta de mus de chocolate ya
y hay un día de abrir la heladera y que la torta esté ahí
que esté ahí
materializada
de mus de chocolate
para comer. ya.

las ganas de miércoles
y pasa que hay un día miércoles
las ganas
de abrirse como un cofrecito
como un cafecito
de hacerse moretones en la rodilla
de cantar en el auto
de bailar musica gitana
de abrazarse los sueños
de ver gente de colores
de reírse con toda la panza como una piñata llena de golosinas
de comer tenedor libre de plato en plato
de convite
de confite
de copas de sombrero y brindar/se
como en navidañonuevo pero siempre
salú mirando a los ojos bien abiertos como ventanas
como chimeneas
como chimichurri
porque sí
porque no no. no existe.

y después las ganas de no irse
de que nadie se vaya
de que el tiempo haga una pausita y venga a tomarse un cucurucho

de apretar fuerte cada ojo
volver a mirar
y que esté la torta de mus
que siga el miércoles

28 mayo 2006

El novio

Cada vez que entraba en el sueño venía a ser que estaba él, acodado sobre alguna mesa, inclinado sobre alguna pared, esperándola.
Y no había límite para su felicidad en ese reencuentro.
La ilusión de volver, en definitiva, se posaba en sus párpados cada vez que se iba a dormir. La cama, un altar de algodón donde el novio la esperaba dormida.
La vida a esta altura era una marea confusa, revuelta, interrumpida cada vez más por el deseo de dormir, de ver al novio.
El sueño recurrente se llenaba unas veces de finos colores, otras de paisajes inventados, o de palabras serias de guión cinematográfico.
Era una delicia estarse ahí, dejando que los brazos del novio la envolvieran con tantas vueltas como pudiera desear. Era maravilla pura dejar salir de su boca esos besos como almendras, que iban a posarse en los labios de quien sólo de ellos se alimentaba.
Pero ella sufría cada vez más agudamente el horror del despertar, de hallarse sola en su cama con ese hilo de luz como un rayo partiéndole la cabeza en dos. Despertaba con jaqueca, sudoración, lágrimas en los ojos y una sensación siempre renovada de abandono.
Intentó, entonces, dormir permanentemente –ignorando, acaso, a la mismísima muerte-.
Por supuesto este plan no prosperó. Su cuerpo la traicionaba dos por tres, para mantenerla con vida.
Entonces ella se vio obligada a decidir lo que no hubiese querido nunca. Si no era posible estarse en el sueño ininterrumpidamente, si era que había que sufrir en cada despertar, si había de soportar perder al novio tantas veces como le fuera concedido amarlo; entonces era preferible matar de una sola vez aquella ilusión, dejar morir al novio para siempre.
La chica se acostó con un cuchillo. El sueño vino a querer ablandar las duras decisiones, pero no bien apretó el puño recordó la funesta misión y dio muerte al novio de un solo golpe, desenlazando con sangre roja el sueño más triste de su vida.
Despertó llorando, con la mano temblorosa apuntando el cuchillo a su propio pecho. Tuvo tiempo de apartar de sí la hoja filosa, antes de sentir en el cuerpo el abandono definitivo del novio, su último aliento (una cuchillada mil y una veces más dolorosa)
La chica nunca más volvió a soñar.

27 mayo 2006

Otra vez pesadillas.
En ese espacio desierto del sueño
donde soy vulnerable al recuerdo
estábamos vos y yo.

Me adormezco dentro del sueño
de tenerte conmigo,
y empieza la pesadilla
-matamos con tus manos
y mi consentimiento
a nuestro propio hijo-

Con los ojos llenos de lágrimas,
sólo hago una pregunta

26 mayo 2006

ahora estoy poniendo orden
ya saqué todas las cosas que no quiero tener más
me guardé algunas que no uso, pero quiero para el recuerdo
y empecé a guardar las cosas nuevas
con mucho mucho cuidado
y mis preciosuras
que todo tenga su lugar
su resguardo

las cosas viejas, las del recuerdo
bien atrás
total
no son para todos los días

las cosas nuevas
y mis tesoros
bien al alcance de la mano
bien cerca de los ojos

todavía no está todo organizado
y requiere un mantenimiento diario

pero ojalá algún día logre aplicar esta misma técnica
para ordenar mi placard.

22 mayo 2006

llamado a la solidaridad

Extravié un sombrero

una boina, para ser más precisa;

y en realidad no la extravié, sino que la olvidé
en un 29.

Y estoy muy
-muy-
triste.

Me preocupa esto de la tristeza por la boina.
Me preocupa, en realidad, mi incapacidad de superar las pérdidas. Y estamos hablando de una boina.
Pero estamos hablando de tantas cosas.




(Es color crudo, con anillos marrones. Por si alguien la encuentra)

21 mayo 2006

Angélica en el rincón.

Angélica está sola y espera.
Espera adentro de un reloj
O, más bien, ella es el reloj.
Espera muy quieta al principio.
Muy muy quieta
Y nada pasa.
-ni el tiempo-

* * *

Angélica se pone una caja en la cabeza, con puertitas.
Tiene cabeza de alacena.
Espera que alguien la visite y golpee las puertitas.
Cierra las puertas con llave
cuando no está para nadie.
Cuando no quiere estar.

***
Angélica quiere hablar,
pero todo el tiempo
en cada respiración
la interrumpe el Sr. Silencio.
Angélica le pide que se retire
y habla, habla, habla
hasta quedarse sin aire.
Entonces decide amigarse con el Sr. Silencio.


19 mayo 2006

como así
de golpe
la sensación inhóspita de que el cariño
pende de un hilito

18 mayo 2006

Hoy puse mi cabeza en una prensa
y la apreté muy
muy fuerte

Salía jugo negro
a chorros
y bajaba
como un río

con sus miles de barquitos
con sus miles de tripulantes
con sus miles de cabecitas

El río hizo un cauce
que bajaba desde el tercer piso
hasta la alcantarilla de la avenida.

No alcancé a verlos, pero sé
que los tripulantes me saludaban con las manos izquierdas
justo antes de ser tragados por la alcantarilla.

No alcancé a oírlos, pero sé
que hubo gritos de espanto en los camarotes
justo después de caer en la alcantarilla.

Después me senté a escribir en esta silla
y no me salía ninguna palabra.

No alcancé a leerlas,
pero sé que
todas
viajaban en los barquitos.

15 mayo 2006

habla el gusano de luz:

por fin
por fin me toca a mí.

tenía un montón de canciones preparadas
discursitos emotivos
un cartel luminoso que decía "aplausos"

pero, como siempre,
me avisan a último momento
y no me dan tiempo de nada.

igual gracias.

gracias por la sorpresa.

12 mayo 2006

No sé
cómo ni delante de qué lámparas secar el llanto agrio del insomnio,
cuándo ni en presencia de quiénes dar muerte a tus ecos,
ni cómo ni debajo de qué escombros enterrarte para siempre.
(tu cadáver está hediendo en mi habitación hace ya más de un año. es horrendo)

Por último no sé
por dónde empezar a olvidarte,
ni mediante qué procedimientos o bajo los efectos de qué magia darme vida nuevamente,
ni con cuáles o cuántos artificios rellenar los huecos que dejaste.

08 mayo 2006

(extracto de las Crónicas de los Días Azules)

Caminando por la calle Colombres de pronto ve una botellita de plástico vacía. Y por puro azar de esa noche húmeda, la patea.
El plástico rebota ruidosamente cuatro veces contra las baldozas, y luego rueda hasta bajar el cordón.
En eso le sale volando la tapita y le empieza a salir como un vaho de adentro. El vaho crece, se espesa y se yergue. Es, ahora, una extraña pero inconfundible figura antropomórfica. Habla.

-Pida un deseo
-¿Yo?
-Sí, usted.
- ehm... deseo... un abrazo.

El genio de la botella se acerca con los brazos tendidos, la abraza profunda y hermosamente, y luego desaparece.

05 mayo 2006

El razonamiento idiota de una desgraciada

Una de las tantas cosas de las que me abstuve durante 22 años -y algunos meses- fue de comer mermelada.
No por cuestiones religiosas, ni de peso, ni de enfermedad. No me gustaba. Preferí siempre, y con voracidad, la manteca. Y, en lo cotidiano, el queso blanco con sal.
Resulta que un día, hace poco, la pruebo y resulta que me gusta. La mermelada de frutilla y la mermelada de frambuesa.
Pero en casa nadie come, así que, aunque manifesté "Ahora me gusta la mermelada, che", ningún frasco apareció en la heladera a medida que iban sucediéndose las compras en el supermercado.

Paralelamente, luego de una vida dedicada al gusto por la literalidad, y a reírme de la palabra inglesa "butterfly", por parecerme que remitía a una manteca voladora; hace poco, y en un rapto de lucidez de esos que escasean, me doy cuenta de que la traducción correcta sería "alas de manteca", y que esta, además de ser mucho más seria como concepto, se corresponde con la consistencia de las alas de la mariposa (el bicho en cuestión).

Ayer, aproximadamente a las 20 horas, mi perro empieza a llorar que quiere salir a dar su vuelta. Nadie más que yo disponible para llevarlo. Bajo y, al pasar por el chino de la vuelta digo, mah sí, yo me compro una mermelada. Y entro y me compro una mermelada hermosa, de frambuesa, por primera vez en la vida.
Duermo toda la noche como el orto por una contractura en el pecho, pero me despierto con una inusitada alegría: el frasco de mermelada esperándome en la heladera.
Pongo en una compoterita tres cucharadas de mermelada, y me llevo unas cinco galletitas de salvado, junto con el té humeante.
Me siento bien. Una más del montón, por fin.
Como dos galletitas antes de ver el cadáver.
Tardo al menos diez segundos en identificar que se trata del cadáver de una mosca, en mi primer frasco de mermelada de la vida.
Me siento mal.
Una burla horrenda.

Será que debí quedarme con la manteca voladora.

04 mayo 2006

Metodologías

Para llorarte desde lejos, y a estas alturas, sólo me basta con recordar algún detalle. Las zapatillas bordó, por ejemplo.
En cambio para olvidarte primero tengo que pensarte desdibujado, sin contornos. Como una letra de tinta corrida con el codo. O como una acuarela. O como una babosa. O como una foto fuera de foco.
Después de eso, que vendría a ser la parte uno; viene la parte dos.
Y resulta que la parte dos todavía no fue descubierta.
Una cagada che.

01 mayo 2006

algo nuevo

-Era un día gris, desde la mañana, y no pudo sonreír hasta pasadas las siete de la tarde.

-No sabe responder con una sola palabra. Le queda incómodo seguir siendo ella.

-Porque te había soñado sin la pierna, y esa pierna era yo.
Te había soñado sin huellas mías, como un inválido. Y me habías dado mucha tristeza con tu sonrisa de costado.
Me habrías dado mucha tristeza.

algo viejo

-Desde una ventana del hospital parecía un buen día para despedirse del mundo.

-Uno se despide tanto de las cosas, de las casas, de las personas, antes de tiempo. Uno se está siempre despidiendo de todo.

-Soñé que vivía cautiva, bajo tierra. Había habitaciones con ventanitas del tamaño de una mano. Se veía el barro de la superficie. Había unas pasarelas angostas de madera para la gente que podía salir. Había una sala común con una escalera majestuosa por donde subían y bajaban los libres. A mí me habín dicho que iba a ser libre pronto, pero no sé si era cierto. Sufría mirando por las ventanitas. Sentía un profundo deseo de respirar aire, y al otro día me iba a escapar, pequeña, por una ventanita cuando nadie me viera. Pero me desperté.
Me quedé encerrada ahí, para siempre.