Casas de queso acaso quiso, de cuyas coyunturas cayeran escollos al cuello calloso. Ahora pelea con palos contra peligrosos pilares peludos desde el píloro. Públicamente aplauden los empleados el pubis bíblico desde la atribulada tribuna, y entrañables trompetas entristecen el atraco. Mansos los manises, ensamblados como muebles, amenos más no por eso menos malvados, amolan las muelas de los molestos émbolos.
Resuenan en la radio las resolanas, redundando en redondez y adorno. Más la masa se sume en el sema y en el soma, rezuma y emana, rezonga y rema, hasta que la jornada enjundia enrojece de rabia y se rejuntan las nubes para formar nubarrón.
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