13 agosto 2007
08 agosto 2007
cuestiones con las casas
si mi casa no es mi casa, entonces no tengo casa.
si todos amamos las casas ¡todos!, las casas antiguas, esas casas por las que entra el sol despacito, como pidiendo permiso, y las plantas golpean las ventanas para pasar sus hojitas, y las hormigas se pelean por desfilar por sus medianeras; esas casas que no tienen tiempo pero que son de tiempo, que no tienen persianas, sino postigos; las casas donde todos quisiéramos tener una hamaca paraguaya para tomar mate a las tardes, mirando el patio o el jardín... ¿por qué matan a las casas y hacen esos edificios horribles, llenos de ventanas por donde no pasan los cielos?
si mi zeide volviera de paseo por la tierra, no reconocería su barrio. y vería su casa convertida en restorán.
¡horror!
al final, el futuro era ésto.
si quisiera una casa para que albergue tus manos, bastaría una caja.
pero no son sólo tus manos. necesitamos lugar para todo el amor.
hace un año y alguito...
que es mía pero también tuya,
ande lejos de tu boca?
¿Que tu boca
se desenvuelva con esa holgura
con esa parsimonia melancólica de caballo perdido,
lejos, muy lejos de mi boca?
¿Cómo, explicame,
puede ser que mi boca
mi boca pez
firuletee en el aire
con desespero
con despatarro
con agonía
pidiendo respiro,
y tu boca, tu boca agua,
tu boca mar de mi boca,
se ande húmeda y triste
amaneciendo lejos,
muy lejos de la mía?
*apostillas:
me gustan los encuentros fugaces y los besos en los semáforos.
pero si no... te extraño.
hay que hacer más lugar para el amor.
31 julio 2007
13 julio 2007
nostalgias y espirales
No tenía a mano la canilla para abrir los llantos, así que ayudó la música, que siempre sabe cómo llevarte a dar un paseo.
Y hoy me acordé, además, del pumper nic que estaba enfrente de la cancha de river, que tenía los jueguitos al costado. Y ayer hablé de los juegos de cuando era chica, y de los micro ponys y las micro chicas. Todo como una espiral.
Y Lala me habla de las espirales, justo ayer.
Y justo que el olor a la espiral de los mosquitos me da sensación de veranos en la quinta.
La quinta donde jugábamos a esos juegos, que mi papá filmaba.
Y esos videos que se me mezclan con los recuerdos y se empastan, hasta que después ya no sé cuál es cuál.
Como cuando me fijo en las agendas viejas qué hice para mi cumpleaños de...
No hay forma. Es un mareo, sí o sí.
El lunes es mi cumpleaños.
25 junio 2007
¡HORROR!
qué significará?
por qué me persigue?
Siempre es mi culpa. A mí se me descuartizan, por estar mal alimentadas o por no tener el agua correspondiente.
Esta vez, se me escapaban en una pileta llena de cloro.
No sé qué pasa.
Es horrible.
19 junio 2007
-una cucharada sopera-
El escenario era el cuarto de ella, y el público estaba sentado en la cama marinera.
La escena uno:
se cepillaban los dientes con manteca de cacao.
Entreacto:
arcadas en el baño.
La escena dos:
ella entra con un cepillo de enrular, y, cantando el himno de la alegría, al ritmo, se cepilla a ella y a los otros actores.
Final:
el público ríe, pero no tanto.
Conclusión:
la idea no estuvo tan buena.
12 junio 2007
04 junio 2007
Qué me pasa cuando estoy dispersa, así, como un montón de partes que se deparraman
si me peino, es para apaciguar la ansiedad de salir corriendo, y a lo mejor si salgo corriendo es para disimular las ganas de salir volando.
es una tarde de otoño (porque todavía es el otoño, aunque quiere ser primavera esta tarde. quiere y no puede. quiere ir hacia adelante, pero sin estrellarse)
pienso que: abriendo la ventana se escapan cosas, pero también me visitan cosas. siempre se pierde y se gana algo. parece.
también yo. ¿cómo quiero escribir rápido con esta manía de volver atrás para arreglarles los rulitos a las e? ser perfeccionista me impide avanzar. a veces se avanza de golpe y pum, porrazo. y se avanza sin saber hacia dónde. y hasta se avanza sin certeza de que se está avanzando.
lo importante, me parece, es no quedarme quieta. el problema con eso es el dolor de cabeza.
18 mayo 2007
y las tristezas estas que vienen sin avisar son caóticas. inexplicables.
son como uñitas encarnadas. huesitos de pollo atragantados.
y no, no se saben explicar, las muy burras. son analfabetas. las muy burras.
vienen, y se acomodan en reposeras. no tienen consideración.
vienen de vacaciones, por el otoño.
eso espero.
repost
Cada vez que entraba en el sueño venía a ser que estaba él, acodado sobre alguna mesa, inclinado sobre alguna pared, esperándola. Y no había límite para su felicidad en ese reencuentro. La ilusión de volver, en definitiva, se posaba en sus párpados cada vez que se iba a dormir. La cama, un altar de algodón donde el novio la esperaba dormida. La vida a esta altura era una marea confusa, revuelta, interrumpida cada vez más por el deseo de dormir, de ver al novio. El sueño recurrente se llenaba unas veces de finos colores, otras de paisajes inventados, o de palabras serias de guión cinematográfico. Era una delicia estarse ahí, dejando que los brazos del novio la envolvieran con tantas vueltas como pudiera desear. Era maravilla pura dejar salir de su boca esos besos como almendras, que iban a posarse en los labios de quien sólo de ellos se alimentaba. Pero ella sufría cada vez más agudamente el horror del despertar, de hallarse sola en su cama con ese hilo de luz como un rayo partiéndole la cabeza en dos. Despertaba con jaqueca, sudoración, lágrimas en los ojos y una sensación siempre renovada de abandono. Intentó, entonces, dormir permanentemente –ignorando, acaso, a la mismísima muerte-. Por supuesto este plan no prosperó. Su cuerpo la traicionaba dos por tres, para mantenerla con vida. Entonces ella se vio obligada a decidir lo que no hubiese querido nunca. Si no era posible estarse en el sueño ininterrumpidamente, si era que había que sufrir en cada despertar, si había de soportar perder al novio tantas veces como le fuera concedido amarlo; entonces era preferible matar de una sola vez aquella ilusión, dejar morir al novio para siempre. La chica se acostó con un cuchillo. El sueño vino a querer ablandar las duras decisiones, pero no bien apretó el puño recordó la funesta misión y dio muerte al novio de un solo golpe, desenlazando con sangre roja el sueño más triste de su vida. Despertó llorando, con la mano temblorosa apuntando el cuchillo a su propio pecho. Tuvo tiempo de apartar de sí la hoja filosa, antes de sentir en el cuerpo el abandono definitivo del novio, su último aliento (una cuchillada mil y una veces más dolorosa) La chica nunca más volvió a soñar
01 mayo 2007
vi que estaba despierta mirándome dormir; que era la hora de irme, y no me despertaba.
no me despertaba.
24 abril 2007
algo inconcluso
Estábamos en un sueño, no sé si te acordarás. Yo tampoco me acuerdo bien quién de los dos soñaba.
Era un restaurante en la vereda, con lucecitas amarillas o naranjas, como fotografía de un carnaval lánguido. Y venía un trencito por los costados de las mesas. (El trencito debe ser la causa -el cauce, más bien- por el que se van uniendo los sueños)
Vos y yo cenábamos. Nos conocíamos bien. Alguien se atoraba en otra mesa. Algo con un hueso de pollo, no sé si te acordarás.
Después estábamos en el trencito, pero era otro sueño. Ibamos en viaje. Teníamos carteras grandes con lana. Pero era verano y la lana se derretía.
La siguiente parte era en la fila de un teatro color bordó. Había una fila larga y dos señores adelante de todo. Estábamos en duda. El título de la obra nos supo a aburrimiento, así que abrimos una puerta y vinimos a mi casa, que yo la iba diseñando mientras la recorríamos. Tenía kiosco y jacuzzi. Tenía una ventana redonda que daba directamente al pasto.
Y ahí era la parte del beso.
09 abril 2007
Diccionario 4... era el 4 nomás, y yo que me quería hacer la prolífica
artimaña: se las rebusca artísticamente.
papilla: apócope de papa rejilla.
repentina: doncella originaria de las tierras de Repente.
filamento: dícese de la capacidad de corte de ciertos cuchillos.
subterfugio: refugio subterráneo.
empollar: hacer o procurarse pollos.
fidedignos: dignos de un plato de fideos.
catastros: aquellas catástrofes durante las cuales nadie se ampara en la fe.
esperanto: lo que se espera con espanto.
11 marzo 2007
Cuentito 5
Lo importante es que el señor Guari no quería saber nada con pensar.
Aparte le molestaba soberanamente que las recepcionistas, secretarias, empleadas públicas, ú otras, le preguntaran todo el tiempo que cómo se escribía su apellido, que si se los podía deletrear; y todo con esa típica voz gangosa de señorita que masca chicle. Indignante le parecía que estas señoritas tuviesen tan poca voluntad en el acto de escuchar. GUARI, como suena; espetaba con poco de buenos modales y mucho de sarcasmo.
Es que, a decir verdad, nadie quería saber nada con pensar. Y era esto, precisamente, lo que irritaba al señor Guari, y lo empecinaba más en su empecinamiento de no pensar bajo ninguna circunstancia. Nadie debería hacer el trabajo de nadie, sospechaba el señor Guari; y su sospecha era fortísima.
Pero claro, era una sospecha conjugada en condicional, lo cual, se sabe, quiere decir que lo que ocurre en la realidad es exactamente lo contrario: todo el mundo espera que otra persona lo dispense de hacer la tarea que le corresponde.
Y así funcionan las cosas en el despacho del señor Aljibe, frente al cual está ahora el señor Guari - su empleado-, inerte y bufando. El señor Aljibe piensa que Guari está concentrado en sacar la cuenta que él acaba de pedirle (Guari, saque setenticuatro con ochenta y siete menos quince sesentaydos)
Pero nada que ver. El señor Guari no quiere saber nada con pensar, así que está solamente bufando.
Al rato es la hora del almuerzo y el señor Guari recibe su pizza con jamón y morrones: resulta que está sin cortar. El señor Guari enfurece, blasfema, rebuzna. Y no hay cuchillos en el despacho, por razones de “seguridad”!
Y en esto sí que estamos todos de acuerdo: no hay peor cosa que carecer de una estúpida, fundamental e irremplazable herramienta. (Como aquella vez en que el señor Guari fuese de acampante con un cargamento de comida enlatada, y sin el cochino abrelatas)
Eran las dos y diez de la tarde, y el señor Guari enterró su rostro en la pizza; un poco como rebelándose, otro poco como comiendo.
La cara se le iba poniendo aceitosa, casi transparente, y desgraciadamente ocurrió que una aceituna intrépida se le deslizó ilegalmente por la nariz, atorándolo todo.
Ahí está el señor Guari, ahogándose; pasando rápidamente del castaño claro al castaño oscuro, y después directamente al violeta.
La señorita Pirul, recepcionista del despacho, ve la escena desde su mostradorcito y piensa, en primer lugar, lo bonito que luce el color violeta con la corbata roja de Guari. En segundo lugar, le dice al señor Maraschino –cliente- que por favor busque ayuda.
El señor Marraschino corre al ascensor, pero está descompuesto. No, no el ascensor, el señor Marraschino. Y se mete al baño de sumo apuro.
Oh, qué terribles pasan los segundos en cámara lenta para el señor Guari.
¡GUARI! ¡GUARI!
Oye apenas que lo llaman.
Pero ya tiene un pie fuera de sí, y su propio nombre le suena desalentadoramente irreal y estúpido.

