si en la cuadra de mi casa hay un negocio de colchones, de esos que también venden las camas, y los acolchados, y todo es mullido y algodonoso: ¿cómo es que, justo al ladito, en un reparito, duerme un señor tapado con cartones?
si mi casa no es mi casa, entonces no tengo casa.
si todos amamos las casas ¡todos!, las casas antiguas, esas casas por las que entra el sol despacito, como pidiendo permiso, y las plantas golpean las ventanas para pasar sus hojitas, y las hormigas se pelean por desfilar por sus medianeras; esas casas que no tienen tiempo pero que son de tiempo, que no tienen persianas, sino postigos; las casas donde todos quisiéramos tener una hamaca paraguaya para tomar mate a las tardes, mirando el patio o el jardín... ¿por qué matan a las casas y hacen esos edificios horribles, llenos de ventanas por donde no pasan los cielos?
si mi zeide volviera de paseo por la tierra, no reconocería su barrio. y vería su casa convertida en restorán.
¡horror!
al final, el futuro era ésto.
si quisiera una casa para que albergue tus manos, bastaría una caja.
pero no son sólo tus manos. necesitamos lugar para todo el amor.
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