Podemos hacer lo que quiera porque es noche de chicas, ¿no mamá?
A partir de ahora, todas son noches de chicas.
Pero ¿podemos ver el de los pasteles? ¿Puedo dormir en tu cama?
Por hoy sí. Pero mañana también. Pero no te lo digo.
Tengo que desenchufar la heladera y dejar la luz encendida para no olvidarme.
Tengo que conseguir no dormirme.
Tengo que proponerme pasarte a tu cama. Más tarde. O quizás la próxima.
Tengo que definirme. Tengo que contestarme. Tengo unos asuntos pendientes, además de la heladera.
Tengo un poco de tristeza en el lado derecho.
Es gracioso el programa; se trata de fallar. La chica se olvidó los huevos en la mezcla del bizcochuelo. Yo, pensando en eso, olvidé el bicarbonato en el budín.
Tengo que apagar la luz de la cocina. Tengo bastante sueño. Tengo una mostaza atrapada en una bola de hielo.
Pasó el tiempo. Ya debería estar listo ese asunto. Ya debería encontrar ese sabor que perdí. Ya se volcaron los deseos del último cumpleaños. Ya se derritió un poco el hielo.
No es fácil de remover. Sale de la pared pero se ha aferrado a la rejilla. Tendré que sacarla, sin perjuicio de botellas y frascos. Hay un momento en que parece que todo se va a caer. Pero no se cae. Sin embargo no se quiere despegar, está agarradísimo. Ya casi no es posible ver el envase de mostaza dentro. Voy a apoyarlo bajo el chorro de agua, eso es. Agua caliente, porque es tarde y tengo sueño. Sin tiempo para que las cosas ocurran, hay que hacerlas ocurrir.
Ya está hecho. Puedo enchufar la heladera y sentirme exitosa. Algo salió bien, por esta vez.
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