04 noviembre 2016
La gesta de la hormiga
Cuando me desperté el lunes, estas palabras estaban verdes.
Pero pasaron unos días ahora, y otras cosas también, entonces hoy me encontré con que las palabras ya están maduras para ser escritas. Para ser ingeridas y digeridas.
Escribo esto y el café se me hierve por vez número mil.
No importa.
Las palabras han completado su gestación y deben aparecer, aunque el café se queme y la leche se haga nata.
Lo que quiero decir es pequeño, no creas.
Viene envuelto de un montón de otras cosas; es un tiempo más que me tomo para decirlo. Guardo el enunciado adentro mío un poco más, tal vez porque en el fondo tengo miedo de no saber decirlo. La idea es clara, sabés. Se fueron definiendo sus contornos durante varios instantes dispersos en diferentes mañanas; esos instantes de lucidez que le deja el sueño a la vigilia. Muchas mañanas; casi un año de mañanas.
Ahora creo que lo veo claramente y sin embargo se vuelve esquivo al querer escribirlo.
Pienso, pensé estos días, que tal vez haya vivido llenando casilleros. Poniéndole un tic a las alegrías y a las miserias. Como si todo fuera parte de un plan. Como si hubiera una magia secreta del Amor y el Destino.
Ahora creo que veo claramente ese artificio. Y ya no quiero marcar casilleros. Y ya no quiero el Amor, con mayúscula; esa mentira. Y ya no quiero el Destino; ese espejito de colores.
Ahora que me hice pedazos. Ahora que estoy sin la magia, sola, como siempre estuve sin saberlo, a la deriva. Ahora que no quiero el Destino de gesta heroica. Ahora que quiero vivir y nada más.
Ahora quiero el amor con minúscula; el de la hormiga. Al día.
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1 comentario:
=)
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