Es algo extraño el amor. No tiene reglas claras; es como un juego inventado por un chico.
Sacamos cartas y la mejor gana,
dice el chico.
¿Y cuál es la mejor?
Yo te digo, dice el chico.
Pero, ¿cuál es el criterio?
El chico no conoce la palabra criterio.
Te dice: sacá una carta.
Y vos sacás un tres de oro.
Ahora yo, dice, y saca un siete de basto.
Gané.
No te preocupes, seguro la próxima te sale.
Agarrá otra.
Y sacás un siete de espada
y él saca un dos de copa.
Gané, dice, con una sonrisa autosuficiente.
A veces gano siempre, susurra con ternura de cretino.
Saco yo primero ahora.
Y saca un cinco de basto.
Ya no te deja tocar el mazo,
te dice:
Tomá.
Y te da un seis de oro.
Perdiste.
¿Jugamos de nuevo? te dice.
No... no entiendo el juego.
No importa, yo te explico.
Y vuelve a empezar.
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