21 noviembre 2016

3.

Me visitó de imprevisto
el gimnasio de Virrey Avilés.
La luz del salón al final del pasillo oscuro;
la humedad y la transpiración;
ser tu novia.
Esperar con ansiedad el ademán
de fin de clase
-un casi imperceptible movimiento de cabeza
que aprendí a descifrar-
Los alumnos saludaban, marciales;
les palmeabas la espalda
y me sonreías. Me sonreías.

De imprevisto, también,
ahora,
como un pañuelo
arrugado dentro del puño
que deja asomar un vértice,
este miedo abismo
de no volver a sentir
nunca
tanto.




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