había una vez un cañoncito de dulce de leche que aprovechó una distracción del público y salió a concer el mundo. no tenía más que su dulce corazón y su crujiente costra para enfrentar a los peligros circundantes, así que tuvo que vérselas con maleantes de todo tipo y factor sanguíneo. pero el héroe de las faturas no iba a dejarse amedrentar por cualquier perejil. tomó las cartas que su abuela se escribía con el general San Martín y se presentó en el honorable congreso de la Nación, aduciendo una demencia senil que le había ocasionado el olvido o pérdida de sus fueros políticos, años ha. así fue que el dulce cañoncito logró ocupar una banca en el senado, y sancionar leyes varias como la de fabricación de insumos hojaldrados nacionales, y aplicación de azúcares impalpables al ciudadano común.
-aquí otro más viejo-
2 comentarios:
este cuento hubiese ido muy bien en el viejo chocoz
es que seguramente el primero de esta serie (que no lo puedo encontrar an el blog, pero debe estar) lo debo haber escrito por los tiempos de chocoz.
y aprovecho la ocasión para confesar que nunca entendí bien cómo funcionaba chocoz y los grupos de yahoo en general.
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