te despertás en mitad de la noche, sin saber muy bien por qué, y sentís una congestión particular en la zona del hombro. Una mano torpe te toca la cara y se balancea en su brazo como un borracho. Es tu mano. Empezás a sentir que tu brazo no está en sus cabales, que está hinchado y ahogado, que no te responde. Abrís y cerrás la mano, con desesperación, para que vuelva en sí; y el brazo sigue pivoteando como loco, buscando entre sus venas un poquito de sangre para revivir.
Después viene ese hormigueo insoportable, y las ganas de ser desarmable para poder dormir de costado sin que se te duerman los brazos.
2 comentarios:
"El brazo-zombi" se llama.
Y se pronuncian las zetas con la lengüita afuera.
aia.. que feo.
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