30 abril 2020

insomnio

Busco el abrazo de mi madre confortando mi angustia, pero en cambio yo soy la madre y mi hija me siente llorar y me acaricia la mano. Tiene los ojos enormes y me pregunta si se puede no ir a ningún lado en auto. Cuando ya no puedo meter el llanto adentro le explico que estoy cansada, y eso es sólo una parte de la verdad. Pero ella no hace preguntas. Sus manos bucean en mi cuello, quiere abrazarme la cabeza completa, la parte rota de mi sueño.
Su respiración se vuelve densa y me quedo muy quieta; es necesario que se forme una capa gruesa, una cámara de aire que nos envuelva, que haga de la oscuridad un hueco confortable. El sueño que vuelve, algo que se vacía y se vuelve a llenar cuando la noche ya se desarma.

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