cuando era chica me daba mucho miedo la oscuridad. en mi casa se dormía con la luz del baño prendida.
en las casas de mis amigas no dejaban ninguna luz. con algunas familias había más confianza, y les pedía. con otras no. y me moría de angustia. me sentía ciega y me sofocaba. a veces el interruptor parpadeaba, con una pequeñita luz roja. yo me aferraba a ese punto rojo como a una balsa en el medio del mar. aunque si lo miraba fijo sin pestañear se me iba, se hacía cada vez más chiquito hasta desaparecer. pero después volvía y no era solamente la certeza de no estar ciega, sino la llave que, en caso de urgencia, podía poner fin a la angustia.
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