26 julio 2010

Él no lo sabe. Pero es un genio.
Y es un poeta.
Yo me dí cuenta de esto hace bastante.

Él hace dibujitos y, no sé si lo sabe,
aunque yo se lo he dicho,
él mismo es como
un dibujito animado
que dibujó un día
sin darse cuenta.

Él tiene ojos que miran mucho
miran hondo
ven las cosas a su modo
en detalle
minuciosamente
Ojos buenos
de niño
curioso, sorprendido

Ojos atentos
de jirafa
de tierra
con raíces.

Y tiene también dientes
que ríen
en amplia sonrisa
para alquilar balcones
y en sonora carcajada
tan linda
tan refrescante
que uno se pone
a reír también
de alegría nomás.
Muchas cosas le dan risa,
por suerte.

Él es bueno.
Tan bueno.
Tan amable
oreja puntiaguda
como antena
que escucha paciente
Es sabio. Él sabe muchas cosas

Él piensa.
Piensa solo, cuando camina
cuando toma un mate,
cuando escucha, cuando escribe,
cuando duerme, cuando cuelga la ropa
-él cuelga la ropa-
cuando se fascina
cuando mira
dibujitos.
Y habla. Él habla lindo
con una voz tan dulce
y a veces graciosa.

Él se anima. Hace cosas.
Va y hace. Y quiere.
Él quiere mucho.
Y trabaja queriendo. Quiere a su trabajo,
y su trabajo lo quiere a él.

Él duerme, profundo. Sueña
a veces con cosas feas
a veces se asusta
a veces se ríe en sueños
porque un chiste,
que después no recuerda
pero le sigue dando risa.

Él es amigo. Del alma.
De los que hacen reír
de los que hacen pensar
de los que regalan lo que tienen
aunque sea lo único


Él aprende y enseña.
Es un niño
dispuesto a la sorpresa
al juego
a lo simple.
Y es un anciano
comprensivo
profundo
lleno de cajas y cajitas
con pequeños tesoros.

Él es gigante.
Porque crece
desde adentro.
Porque cree.
Aunque haya días que no
en el fondo él cree.
En el fondo sabe
su corazón
que lo que toca
lo transforma.

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