Gualeguay es una ciudad, pero yo le digo pueblo porque no se me ocurre una palabra mejor para describirlo. El centro está todo lleno de casas antiguas, como las que solían haber en Palermo en la época en que mis abuelos vivían. En Gualeguay hay siempre ese olor previo al asado, olor a humo de leña y hojitas. Hasta ahora, siempre que había ido había estado nublado. Y esta vez, a pesar de los pronósticos Santarroseanos, salió el sol los dos días.
En Gualeguay caminás diez cuadras y está el río. Hay viento en la costanera, y hay que ponerse la capucha.
En Gualeguay vas a la heladería Siete Colinas (andá a saber qué siete colinas evocará el nombre, porque lo que es Gualeguay, es pura llanura) y te tomás un helado gigante con un pompón de crema chantilly y guirnaldas de salsa de chocolate. Y sale cinco pesos.
Los hombres grandes usan boina. Y los chicos de trece años salen solos de noche. Algunos andan en moto, canchereando, tomando cerveza. Todos dan vueltas a la plaza, con la música del auto muy fuerte.
Ahora, si vos te metés dos cuadras para adentro, no se escucha nada.
Los faroles en Gualeguay irradian una luz amarilla y abombada, como de luciérnaga.
Y en casi todas las cuadras hay jazmín del país, tan llenísimos de capullos que parece que en cualquier momento te van a escupir florcitas cual ametralladora.
Hay dos plazas y dos iglesias, una municipalidad, un bazar "El universo", dos sucursales de "Siete Colinas", un Club Social y Deportivo, una casa de la nona... no hay ningún cine. Parece que están construyendo uno, ahora.
La casa de la nona es vieja, vieja. Está igual desde hace años, según me dicen. Tiene un patio, al fondo.
Juan se sienta en la ventana del patio y yo le saco una foto. Él me dice que estar ahí sentado, en ese patio, en esa casa, en ese pueblo, es como viajar en el tiempo. Y yo le creo.
3 comentarios:
un dia, vamos a vivir en un pueblo, junto al campo.
porfi. vayamos todos así no los extrañamo.
y tomamos mates.
ieeeeeeeeeeeeeeeeeeeee
Publicar un comentario