25 diciembre 2005

lonely.hearts.club.band

Como otras veces contengo el llanto que es como decir me muerdo el alma y dejo que fluya el sinsentido este de palabras sin fijarme hacia dónde me estoy dirigiendo, sólo voy porque la inercia es tan pacificante en el sentido de que al menos es como estar llorando palabras escritas y eso es menos alarmante para el resto. Si quisiera, podría destapar los ojos y dejar que se confunda la angustia con la emoción, dejar que se vaya lo que sobra, los restos, los dejaría ir como si fueran palomas que me hubieran picoteado las manos dejándome ampollas. Hay navidad por todos lados y eso lo sé aunque no lo vea. Pero hay también esta sensación de que sería lindo dormir y despertar en otra parte, con otras manos sanas, y sentir un agua como caramelo en los pies, para que se vaya endulzando el entendimiento desde abajo. Tomo café. Es simplemente un intento de esquivar las ganas de dormir profundamente. Es simplemente una forma de seguir diciendo esto que escribo, tratar de que en este supuesto fluir salgan las palabras que me atormentan y que, al mismo tiempo, serían mi alivio si las viera escritas. Eso busco, la satisfacción de sublevarme contra la tristeza en forma de prosa.

Me rebelo y al mismo tiempo acepto el yugo que me propone esta necesidad estúpida de escribir todo, todo el tiempo. Para compartir conmigo. Conmigo que ya sé. Es inútil, es cierto. No hay forma de evadirse de uno mismo, ni siquiera en sueños y esto lo digo porque sé, no porque se me ocurre. Porque no se me ocurre nada. Presiento que escribir es mi condena, que ya es una especie de dependencia silenciosa. Ya sé.

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