31 marzo 2020

Tragedia plástica

Yo guardo algunas botellitas.
Para llevar agua cuando salgo y para la mesa de luz. No guardo todas, ni cualquiera. Sólo las que son de un tamaño, de una forma, con un material que me permite una más prolongada reutilización y una más cómoda portabilidad.
Pero sucede que las guardo destapadas, para que no tomen olor.
La botella va en un lugar, y la tapita en otro.
Y de pronto pasa que quiero usar una botella, pero no encuentro la tapa. Si la doy por perdida, entonces tiro la botella porque sin tapa ya no me sirve.
Pero luego sucede que al tiempo encuentro una tapa. Y no está su botella. Porque la tiré.
Esto mismo sucede a veces en el sentido inverso: me canso de ver las tapas acumuladas en el cajón, y pienso: esta seguro ya no tiene botella. Y la tiro. Y ya se entiende cómo sigue esto.
Lo que quiero decir es que hoy, día quichiciento de aislamiento social, esto me parece una pequeña parábola trágica, una suerte de Romeo y Julieta del insumo plástico reutilizable.

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