25 julio 2016

Los ciclos, las verduras, la manito de Julia

Hace casi diez meses que entré en el torbellino del presente. El presente puro de la maternidad, su vértigo.
Pero los ciclos son los ciclos. No desaparecen, aunque se pongan un poco en segundo o tercer plano. Están y me ponen a escribir, a contramano de la necesidad que tengo, hoy en especial, de quedarme pegada a ella, sosteniendo su manito mientras duerme, respirando al ritmo de su respiración.
Pero, ciclos son ciclos. Toc toc, te tocan la puerta del corazón o de la cabeza (lo que sea que piensa-siente), y no es un golpeteo tímido, es una ola que crece conforme se acerca a la costa; una ola monstruo que en tres tiempos ya está lo suficientemente alta y lo suficientemente cerca como para acelerar el pulso.
Y yo no le quiero decir angustia porque, qué se yo. Porque se me hace más grande.
Soledad, le voy a decir. Una sensación súbita. Como cuando Julia se prende a la teta y me ataca una sed profundísima, de golpe, que cada vez me sorprende como si fuera la primera. Tan honda, tan visceral. Así el ciclo este de la soledad que viene de golpe, como sin aviso, aunque es un ciclo y ya sé, apenas pasa, que va a volver; pero cuando vuelve estoy siempre distraída y paf, es una cachetada, un zamarreo violento del que no me puedo defender, contra el que no logro reaccionar.
Se me ocurrió recién, mientras cenaba, que no sé por qué la acelga sí y la lechuga no se aviene bien a ser cocida y puesta en, por ejemplo, una tarta. La acelga, la espinaca; sí. La lechuga, no. Por qué. Por qué yo no; por qué yo lechuga y no acelga, o cuanto menos espinaca. Qué tengo yo, o dejo de tener, para haber terminado siendo lechuga que quiere infructuosamente ser relleno de tarta.
Injusto. O triste; ya no sé si hay justicia para estas cosas.

Pero el presente puro de la maternidad hoy me obsequió un pedacito de verdad. Un pedacito de belleza. Un pedacito de todo el amor del mundo.
Julia, pequeña gigante, dormida prendida a la teta, el ruido de la lluvia, y su manito acariciando la mía. Su entrega, eso es una verdad absoluta. Mi amor, todo mi amor, para ella, también.
Aunque duela a veces, cíclicamente, está vivo el corazón este.
Como un pajarito enfermo, late.
Pero late.

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