02 agosto 2016
Uno y los otros
Y es una mariposita blanca que vuela, como confundida, entre la fascinación de un grupo de nutrias. Los simpáticos animalitos hacen una suerte de danza: se agachan, se yerguen, se contonean, siguiendo el errático vuelo de la mariposita. Y ella no sabe -no puede saberlo- si lo que causa en esos bichos, que para ella son gigantes, es amor; es decir, un latir conjunto con su devenir en el aire, un acompañamiento obnubilado de sus pequeñas sacudidas, como de pañuelito diminuto; una entrega blanda a la belleza de su vuelo. O si, fatalmente, las nutrias en realidad la observan con otro propósito; porque quizás -la mariposita no puede saberlo- ese acompañamiento ondulante, esas miradas atentísimas, esa danza magnífica son, en realidad, el acecho del hambre; la graciosa competencia de los animalitos para ver quién la devora primero.
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