No puedo ser esa chica
de pelo amarillo
mirada fresca
dientes perfectos
que entra en el bar como si
conociera al tipo,
a todos los tipos.
Que se sienta con tanta gracia
en una mesita del fondo
y mira por la ventana mientras
se saca el tapado
-hermoso-
y sonríe a la nada,
a sí misma.
Que deja caer despreocupadamente
sus cosas sobre la silla
fijando sus ojos claros en un punto de luz
siempre en dirección al tipo
pero sin mirarlo,
como si nada,
dejando que esa luz
natural
le brille en las pupilas,
como si fuera lógico
y esperable
-natural-
de todos los días,
ser hermosa
entrar a un bar
robarse la escena
pedir el menú
romperme en pedazos
a mí
que no puedo
ni podré
ser ella,
o dejar de mirarla.
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