militancia pulcra de escolares, formaditos, ordenados, que aplauden al mismo tiempo, uniformados en remeras amarillas. chicas y chicos prolijamente vestidos y aseados, cada uno con un trapo de distinto color para revolear por el aire. chicos y chicas con pelos de peluquería, con los labios rojos, con rostros publicitarios.
fiesta de fin de curso. se gradúan de militantes nacionales. por fin.
y el discurso, largamente ensayado, sale. sale o sale. hay algunos silencios que desorientan a la vicedirectora. hay algunas repeticiones, pero ella lo mira embelesada, con esa mirada también ensayada, aguantando en los labios el impulso de intervenir, o, cuanto menos, de seguir en mute las líneas del director. ella se limita, mansamente -tiene todo bajo control-, a indicar con su mano a la multitud que reduzca sus cánticos. porque el director está hablando de cosas importantes. y el discurso sale, va saliendo. se lanza. y mejor así, que no es para desaprovechar la oportunidad. el acto.
los chicos aplauden y vivan. el director les habla a ellos, a los jóvenes. a los que no participaron de los debates ideológicos del siglo pasado. en los debates ideológicos que van a morir ahora, a manos de esos jóvenes de remeras amarillas. el director le habla al futuro. que empieza hoy y de cero.
el timing funciona. se palmean detrás de cámaras los jefes de campaña, los productores, los wedding-planners.
porque la política no se trata de discutir modelos teóricos. se trata de bailar y tirar papelitos y revolear remeras, como en una fiesta de egresados.
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