03 julio 2012

una crónica felina



Llego a casa y afuera es invierno. Bruno me recibe con maullidos de reclamo. Lo primero que hago es ponerle comida, pero él se queda mirándome de lejos, sentadito. Inmutable.

Me siento en la compu, como olvidando por un instante su presencia. Entonces viene corriendo a mi regazo y se pone a ronronear a todo volumen. Y me mira con sus ojos de gato, inexpresivos.
 
-Hola- le digo.- Llegué.
 
Él entrecierra los ojos. Me adormece.

1 comentario:

Sabúl dijo...

"Ronronear a todo volumen".
Genial.