19 julio 2012
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desde arriba
podía verse
el armazón terrible
del tornado
como un trompo
de alambre
que en su violento
remolino
arrastra todo:
lo pequeño
-las hojas
que quedaron del otoño,
las hormigas,
los pinceles
sin lavar
de algún artista,
los tréboles,
las zapatillas,
el adorno floral
de una mesa
de cocina,
un pequeño retrato
en blanco y negro,
envoltorios
de caramelo,
una vincha
de la época
de Xuxa-
y también lo
inconmensurable
-algunas almas,
el amor precioso,
el silencio-
el tornado se cerraba
como un cofre
y al rodar,
el vacío inefable
de su centro
se quedaba sin aire
sin cielo y sin tierra
hueco
voraz
desaparecía.
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