13 febrero 2008

pasteles en una vitrina


Uno entra a un negocio de pasteles y las cosas se ven nuevas, radiantes.
Lo que uno no sabe, porque no puede saberlo, es que cuando el negocio cierra, ahí se quedan las cosas. Ahí es donde las encontraremos al otro día, nosotros o quien sea que vaya, y las volveremos a ver recién nacidas.
Se baja la persiana y, puertas adentro, los pasteles se quedan a dormir en las vitrinas, y ya no son tanto comida/postre/tentación, como triste escenografía de un escenario sin público.
Pobres pasteles en las vitrinas, entonces. Pobres también nosotros que no sabemos de sus largas vigilias con el tubo fluorescente apagado, entre tanta oscuridad y silencio, entre tanta quietud y empalago.

Triste, también, es el primer vistazo de la mañana, antes de encender las luminarias, antes de baldear y relucir, antes de que comience el desfile de clientes; antes de que empiece la función. Antes, quizás, de que alguno de estos ostentosos pasteles sea descartado sin más, por haberse pasado de la fecha en la vitrina.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

los mejores son los de merengue.

Polonia dijo...

es que el merengue es el colmo de la ostentacion pastelera

Anónimo dijo...

hola...pudiste registrar al final??
saludos!!

DiDi dijo...

permiso, se puede?

polonia dijo...

didi, si!

no, no lo hice aun.
es un tema, no?

nana dijo...

ay
hambre

SrKaito dijo...

yo te conocía antes de que fueras privada

nohorbee dijo...

Perdon... privatizamos el BLOG?

Polonia dijo...

y si.
total éramos pocos y nos conocíamos mucho.