A veces los pájaros se ponen quisquillosos, y les da por tomar soda.
Cuando no lo agarran al sodero de sorpresa, cruzando la plaza, se posan sobre las mesas de los bares y se toman la sodita del café.
Es ese nosequé de las burbujas lo que los hace delinquir.
Después no pueden disimular, aunque lo intenten, porque en el silencio de las tardes plumíferas, se les escapan los erutos.
texto de Polonia. ilustración de Lau Wolghemuth
texto de Polonia. ilustración de Lau Wolghemuth
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