*Estas crónicas las escribo desde acá. Así que es seguro que van a salir distintas a las de la parte uno. Serán otro tipo de reflexiones, porque lo que me inspira ya no es la cosa, sino el recuerdo que quedó de la cosa.
Planeta de sal.

El Planeta blanco es también azul. Sus baldozas son pentágonos, no siempre perfectos. Los ladrillos de las casas son de sal de muchos colores, y las piletas son saladas y aceitosas.

El planeta, cuando se hace de noche, se vuelve de petróleo

Salinas Grandes
Casita donde me gustaría vivir.

Tilcara
Esquina.
La siesta del museo. Tilcara.
Creo que me voy a acuordar por largo rato, y con mucha precisión, cómo queman las veredas al sol. Desteñí un vestido en la parte de la cola.
En Tilcara visitamos algunas cosas por adentro. En este museo, creo, había una escultura de personas tocando el acordeón, que fotografié, y que después, mirando las fotos en la cámara, pensé que eran parte de una escena real. Porque estaban vivitas, en mi opinión.
Acá, la foto:El indio entre globitos de colores.
Tiene que ser algo especial haber llegado a Humahuaca JUSTO el día en que celebraban, atrasado, el día del niño que no habían podido celebrar en fecha. Este monumento imponente, gigante, negro y macizo rodeado de globitos de todos los colores. Precioso. Una alegría para mí, porque me gustan los momentos cajita.
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Seguramente mi foto preferida.
Ventana de una casa en Humahuaca.
Extracto del verdadero diario de viaje:
No me puedo acordar bien qué día llegamos a Humahuaca... el domingo? creo. Un poquito me parece que el tiempo pasa en Humahuaca como por un embudo. La parte del monumento y las escalinatas vendría a ser la parte ancha del embudo, porque ahí el tiempo se pasaba volando.
Creo que el embudo se cerraba en el cielo, en el ojo blanco de la luna llena, la otra noche. Por eso habrá sido la angustia de la distancia, las ganas de volver.


1 comentario:
Se ve que la has pasado bien.
=D
Yo no he vuelto, pero volveré.
^__^
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